Justicia Sideral (I) – La negociación en ‘Pericles’ Es de justicia afirmar que la comparación con Churchill, su antecesor, es compleja y dispar. Y , oh, sorpresa; lo que más en común tienen es 'la negociación'

Hay juegos que por razones que a primera vista desconocemos acaban saliendo de nuestros radares. Estas razones pueden ser de toda índole, no tiene por qué ser ninguna especialmente concreta. A veces escuchamos un mal comentario, leemos algo en redes sociales, o simplemente no vemos claros los colores de la portada. La oferta a veces es tal que llamar nuestra atención o no hacerlo depende de que queramos jugar o no a un juego.

En esta serie nueva de artículos pretendo establecer el marcador desde cero ante algunos juegos de los que hemos oído, escuchado y leído afirmaciones que, sin ser inciertas, nos limitan a la hora de acercarnos a ciertos juegos.

Hay juegos que se meten en una supuesta justificación para ser rechazados de forma consciente. Es como si existiera cierta injusticia sideral que los devalúa, los convierte en consecuencia de sus propias consecuencias. En estos casos las causas suelen ser ajenas al propio juego pero hacen mella en lo que pensamos de ellos. Me ha ocurrido con varios juegos, valorados por los prejuicios, empapados de algo que les envolvía o que iba más allá del propio juego, o simplemente una corriente de opinión que se ha tomado como cierta a pesar de no serlo.

La subjetividad y cómo van conformándose las opiniones en nuestras cabecitas tiene mucho que ver con cómo concebimos los juegos a partir de lo que no sabemos de ellos. Últimamente me ocurre mucho; el darme cuenta de que las opiniones dichas a la ligera a veces se convierten en verdades certificadas sin que, en realidad, nadie las haya certificado. Son en realidad una opinión o comentario –con razón o no– escuchado en un momento dado y en un lugar determinado.

Partida de Pericles en Mecatol Rex
Partida de Pericles en Mecatol Rex. GMT 2017

Pensadlo un instante, seguro que os salen mil ejemplos. Y, por ende, se convierten en estigmas que los juegos arrastran consigo, pero no siempre están fundamentados o tienen una razón sostenible por la objetividad.

Fruto de ello surgió la idea a mi alrededor de que ‘Pericles ‘era un juego que pretendía ser como el ‘Churchill’ pero que “era peor porque perdía la negociación”. Y fue una idea que fue calando en todo el mundo. Cómo sería que yo, que llevaba tiempo leyendo cosas sobre ‘Pericles’ y que no había jugado al ‘Churchill’ aún, acabé recogiendo como una idea propia y así lo vendía a quienes mostraron su interés y yo les ofrecía jugarlo. Pero claro, la idea era peyorativa, es decir, el que hubiera menos negociación era algo “malo”. No era por lo tanto nada atractivo que quien hubiera disfrutado de ‘Churchill’ y se aventurara –con sus razones, porque son muy parecidos– a compararlos, se encontrase con un juego que, precisamente en uno de sus aspectos más atractivos, flaqueara.

La comparación, como digo, era inevitable. Las mecánicas son parejas, la idea del doble espacio en el tablero y de la relación de ambos aspectos es muy parecida. Incluso las secuencias de juego y cómo se juegan las cartas y las acciones en sus fases. Cuando jugué al ‘Churchill’ lo vi bastante claro; son hijos del mismo autor y son un exoesqueleto destinado a albergar dos cuerpos tan parecidos que nadie se atrevería a decir que no se parecen. Solo que había un detalle bastante a destacar; la parte más desarrollada –o que siempre escuchaba que dotaba de un atractivo único al juego– en el primero parecía ser la menos desarrollada en el segundo, y la menos desarrollada en el primero, parecía ser la que más importancia recababa en el segundo (la militar). Y la parte más atactiva del primero, parecía ser, de forma popular, la que menos aparecía en el segundo; la negociación.

Nada presagiaba a que precisamente la negociación fuera capital en ‘Pericles’, sino todo lo contrario; se convertía en algo que pudiera pasarse de puntillas. Y lo cierto es que, una vez jugados ya varios escenarios, así es. Pero es al mismo tiempo tan incierto como que este aspecto depende de quién lo juegue o cómo quiera hacerlo. Trataré de explicarme sin entrar demasiado en mecánicas. ‘Pericles’ juega con la negociación todo el tiempo en el que estés jugando. Primero, contra tu compañero, decidiendo los asuntos políticos. Luego en la zona del mapa, decidiendo los militares. Cuando digo que juegas todo el tiempo con la negociación es que estás, literalmente, negociando TODO durante TODO el tiempo.

Maldita sea, ¡el bueno de Mark Herman sabe bien lo que nos gusta!
Maldita sea, ¡el bueno de Mark Herman sabe bien lo que nos gusta!

Y es cierto que Churchill es un juego más concreto y asequible que Pericles. Y posiblemente por ello tenga más adeptos y pueda venderse como un juego que, con toda la profundidad y amplitud que tiene, resulta sencillo de explicarse y jugar en una tarde. ‘Pericles también’, pero la satisfacción no llegará en todo su esplendor hasta bien asimiladas sus mecánicas, hasta haber visto varios ejemplos de ejecución de turnos y hasta darse cuenta de cómo y de qué forma el tiempo de juego puede ser relativo. No ha sido hasta nuestra cuarta partida que hemos visto que, realmente, Pericles tiene tanta negociación como que es absolutamente todo negociación. Y sin haber jugado tanto al ‘Churchill’, me atrevo a decir que este tipo de negociación es más indirecta y más perversa. ‘Churchill’ empuja a negociar de manera directa, secreta también, con dobles intenciones y tratando, a veces, de poner de acuerdo lo imposible, que haya tres jugadores. El que en Pericles haya dos bandos y dos facciones por bando hace, además, que la paridad sea un aliciente que poder usar en tu favor –o que tu “aliado” juegue en tu contra–.

¡Qué cantidad de negociación debía de tener ‘Churchill’ si ‘Pericles’ es absolutamente todo negociación!

No hablo en términos de “mejor” ni “peor” porque es indiscutiblemente imposible compararlos, y al mismo tiempo es imposible no hacerlo. Pericles tiene un descontrol temático que le va como un guante y una carga militar que requiere también negociarse. Por una parte, lo que negocias con tu compañero jugando las cuestiones que luego aplicarás a la parte militar. Y segundo, cómo lo aplicas y cómo acuerdas aplicarlo no ha de ir de la mano. ‘Churchill’ permite ejecuciones muy concretas y un control más ajustado y se a justa a una temática como un guante. En ‘Pericles’, como en la antigua Grecia, tus órdenes votadas en la Asamblea podían llegar a tus generales, o no llegar, o que una vez llegasen no las interpretaran como quisieras, o, simplemente, que no las ejecutaran como tú habías dispuesto que lo hicieran. Y eso en Pericles está perfectamente tematizado también.

Lo que qué sabes de tus adversarios y qué crees que pueden hacer, decir y consensuar para ganarte es pura y dura negociación. Y, por supuesto, en todo este aplomo negociador y transcurso de tensión, has de tener la fuerza y voluntad de discernir en qué momento le darás la puñalada pertinente a tu compañero para tratar de ganar tú, en qué momento te la dará él, o si eso que te está haciendo creer sobre la cuestión militar y su importancia de ser jugada como incursión sobre la región de Beocia es, precisamente, la antesala de la que quiere clavarte a ti.  Y quizá, entre medias, seas capaz de contemplar la ruptura del equipo contrario y aprovecharla.

Y si no te gusta nada de esto, no pasa nada. Pericles no lo necesita. Y eso es LO MEJOR y lo que permite que este juego pueda jugarse con perfiles distintos de jugadores. Juega tus cartas, juega tus cuestiones, haz el caso necesario o que desees a las vicisitudes de tu compañero con respecto a tus adversarios, y disfrutarás del juego igualmente. Si no te gusta la negociación, sigue siendo un juego que puede perfectamente entrar en el radar de quien busca un juego de confrontación activa y semicooperación, gestión militar, temático, estratégico y con sus dosis justa de caos.

Al notar todo esto me di cuenta de que la ligereza con la que puede opinarse de un juego así roza ya lo que parece entrar en la normalidad; se opina de asuntos amplios con recursos conocidos pequeños. Es un juego en el que es  absolutamente necesarias echarle partidas, cuantas más mejor,  –y quizá ese es, hoy por hoy, su mayor “contra”– pero que brilla y responde cuando todo encaja. Es complicadísimo pensar lo contrario y darle valor a cómo se negocia si no se conoce y sólo se ha jugado una vez. Así que me alegro muy mucho de haber echado por tierra este prejuicio. ‘Pericles’ es absolutamente brillante y uno de los juegos más completos, válidos y grandiosos que he jugado en mi vida. Eso sí, requiere partidas y requiere un grupo dispuesto a dárselas. Y ahí entramos en otros lugares en los que posiblemente no quieras o no puedas entrar y el ‘Churchill’ sí que te permita.

Hay más diferencias, no me atrevo a ajustarlas demasiado porque Churchill no lo he jugado tanto como Pericles, pero quizá este aspecto es el que más quería destacar de todos. Espero que os guste y que, si al igual que yo habéis desechado alguna vez jugar a ‘Pericles’ por haber oído desestimar la “negociación” en comparación con el maravilloso ‘Churchill’, os haya hecho plantearos echarle un ojo de nuevo.

Nos vemos pronto con más artículos de esta serie. ¡Gracias!