Mindfulness en los juegos de mesa (2) Algunos trucos del Mindfulness para disfrutar más y mejor de tus juegos

Desde que ha empezado el nuevo año he escuchado varias voces que me han hecho pensar en que era el momento perfecto para retomar el artículo que tenéis entre manos y que continúa la serie que iniciara con Mindfulness y los juegos de mesa (1).

En este caso puede llevar a engaño el pensar que el artículo que vais a leer tiene que ver con el hecho de que los juegos de mesa sean utilizados para realizar la práctica del mindfulness. Es más bien al contrario: cómo la práctica del minfullness puede ayudarnos a disfrutar más y mejor de nuestros juegos de mesa.

Muchos de nosotros nos movemos en un entorno cercano a los jugadores de un perfil más “hardcore”, aquellos que hacen de su hobby su pasión y de su pasión a veces una obsesión. Juegan mucho, a mucha cantidad de juegos diferentes y ponen mucha carne en el asador de su tiempo y su energía así como una dedicación que va más allá del simple hecho de jugar.

Y en esos ambientes no es la primera vez que escucho cierta preocupación o desidida a la hora de plantearse si se está acometiendo este hobby de forma sana, más o menos comprendiéndose ese término del modo más reconocible posible, es decir, de una manera que no acabe de molestar ni incomodar al que practica el hobby. Hay muchas voces que llevan pidiendo, alrededor de este círculo de núcleos duros de jugadores, un poco de paciencia, un frenazo y la necesidad de atender a algunas querencias que se han visto olvidadas o que directamente se han acabado ignorando.

Ya lo he contado por aquí alguna vez. Si alguno de los que lee esto me conoce es por mi faceta como jugador de juegos y porque hablo de ellos en el podcast Planeta de Juegos. Pero soy, ante todo, lector de libros, y he tenido un sinfín de problemas con la que, antes, consideraba que era “mi colección”. En realidad mi proceso de relación con los libros se basaba en una constante acumulación y una permanente fatiga por intentar clasificarlos, por conseguir más libros que hablaran sobre los temas que me interesaran o sobre los autores a los que les tenía echada la pista. Y luego venía el agobio y la ansiedad de no poder darles cabida física ni abasto para leerlos.

Hay un maravilloso libro de Jacques Bonnet llamado “Bibliotecas llenas de fantasmas” en el que liga de manera histórica cómo vivían este problema grandes coleccionistas de libros que escribieron sobre ello. Algunos quemaban sus libros como recelo y forma de purgar su biblioteca, otros compraban casas enteras con el fin de poder resguardarlos, algunos los guardaban en el aseo –el día que tengáis que guardar vuestros juegos junto al váter, id a ver al médico de inmediato– y así sucesivamente mostraba problemas relacionados con el exceso de celo a los libros y la complejidad de ubicarlos con total garantía de no perder la razón ni hacer que los suelos de las casas se hundieran.

Sin embargo, todos los protagonistas del libro acuden a sus estanterías para calmar la ausencia de certezas, las miran y remiran buscando respuestas a sus propias inquietudes aún a sabiendas de que posiblemente no las encuentren en ellas. Su posesión, en el sentido más infalible de la palabra “poseer”, les servía para apaciguar demonios interiores. Si pensáis vuestro entorno es muy posible que localicéis a personas a vuestro alrededor relacionadas con este perfil.

Bibliotecas llenas de juegos que se te caen! Esta foto tiene un par de meses y ya veo 4 o 5 que ya viven con otro dueño.
¡Bibliotecas llenas de juegos que se te caen! Esta foto tiene algún tiempo y ya veo 4 o 5 que ya viven con otro dueño.

Ahí llega el punto en el que el primer paso es ser conscientes de que la idea de comprar tiene un empuje y un tirón sobre ti superior al hecho de jugar. El sentimiento inicial es el de jugar, porque este es tu mundo, el que te gusta, el de los juegos de mesa. Pero después queda la adquisición, la compra y el completismo. Y este último impulso puede estar por encima del hecho en sí mismo de jugar. Supongo que esto es como lo de que los problemas mejor reconocerlos primero. O algo así. Es decir, en realidad, la cosa es saber dónde estás, en qué lugar te encuentras en toda esta cadena de compro-juego-compro-no juego-compro-no vendo-compro…  en el que el único constante es el comprar. ¿Dónde te encuentras? ¿Te ves reflejado en algún patrón parecido?

Muchas veces insistimos en que si tienes dinero, puedes permitírtelo y no te supone un problema, por qué vas a detener tu ritmo de compras. Esto tiene un doble filo bastante claro. Desde luego que no hay problema ninguno si no haces daño a nadie con nada –ni a ti mismo–pero presuponemos que si estas en este punto, en esta escalera, es que hay algo de este comportamiento que no te hace gracia. No es sobre el dinero que gastes, eso sería un problema a tratar de otras maneras.

Hay quien dice que ese parte de esta afición. No es cierto. Quizá rebuscar juegos antiguos, descatalogados, ediciones especiales y demás rarezas pueda encuadrarse en un estadio de coleccionismo que sí que interese emparentar con actitudes de diversión en las que sí que sí se impliquen sensaciones diferentes. Me niego a pensar en que parte de esta afición conlleva es comprar sistemáticamente, con poco nivel de criterio –o ninguno–simplemente basándonos en que son juegos nuevos, que tienen tirón mediático, o se ven desde la perspectiva condicionada por el coleccionista y el “necesito tenerlo”, para darles una vida no práctica y dejarlos morir en la estantería. Insisto, no hablo del punto del coleccionismo, y temo que más de uno al leer esto piense en mezclar la línea ligera que separa concebirlo como coleccionismo con el hecho de que haya un problema en ello.

Una vez tengamos claro que no queremos seguir este camino y que compramos en exceso o que queremos aprovechar de lo que tenemos, tendríamos que plantearnos qué queremos hacer y de qué manera mejorar nuestra experiencia con nuestra afición. Hay algunas técnicas del libro “Minfulness en la vida cotidiana.” de Kabath-Zinn muy aplicables a todo lo que estamos hablando.

¿Quién tiene a quién? Meepelcidio a lo Gulliver.

La disciplina del mindfulness consiste principalmente en revisar con atención el presente de forma que no llenemos Atención plena al ahora. Y la mente se entrena para ello, hay herramientas para hacerlo de la misma forma que pudiera realizarse con un músculúo cualquiera. Ya no solo por lo que nos ocupa, los juegos de mesa, sino para cualquier aspecto de vuestra vida en general, os aconsejo vivamente echarle un vistazo al libro que os he comentado.

Algunos ejercicios que pueden ayudar y a mí me sirvieron con mis pequeña guerra con los libros fueron estos:

–Te diviertes mirando novedades, buscándolas por internet, entrando en tiendas online, viendo foros y etcétera; extrapola ese placer al hecho de que puede que el placer en sí mismo esté ahí, en hacer esta actividad y en el hecho de comprar el juego. Lo que ocurre después de pagar y vaciar el carrito de la compra puede que no sea más que una vuelta a empezar y comenzar el mismo proceso de nuevo. ¿Te ocurre a ti?

–Acotar nuestras querencias y deseos a un puñado de opciones. Hay tantas cosas disponibles pueden formar parte de una oferta demasiado suculenta e imposible de abarcar. Así pues, has de ser tú quien escoja tu propia oferta, y no permitir que el mercado sea el que escoja por ti. Elige qué quieres, cuál va a ser tu oferta, en qué punto quieres dejar pasar los estímulos y decidir si los que traspasan esa barrera forman parte de la oferta que tú has elegido.

–Comparte objetivo con tu grupo habitual de juego. Si hay tres opciones y no sabes cuál elegir, es posible que alguien de tu entorno tenga la misma duda y que podáis repartiros objetivos. De los tres kickstarters en los que estas a punto de meterte, es posible que tus amiguetes de grupo de juego estén los tengan en su punto de mira también. ¿Por qué no hablar con ellos y quizá así ayudarte a escoger? Ya, ya sé que esto va directamente en contra de la idea de coleccionismo que puede que tengas en la cabeza, pero… realmente de esto trata este post y estos ejercicios, ¿no?

–Mira tu estantería, acércate y coge los juegos que compraste empujado por las ganas de jugarlos. Así rollo Gollum, “mi tesoooooro…”. Vuelve a acordarte de aquellos juegos que estuviste esperando durante tanto tiempo y, o bien no has jugado, o apenas le has echado una partida. Pero hazlo, en serio, échale un rato a rebuscar. Sé conciso además. Elige una estantería, elige una balda, y quédate con ella durante ese ratito; no te vayas más allá de las cuatro maderas que la forman. Oblígate a no desviar tu atención. Parece sencillo y quizá te suene absurdo, pero uno de los peores enemigos de nuestro hobby es muchas veces la incapacidad de centrarnos demasiado y profundizar de forma unitaria, y querer ver todos los juegos como una sucesión de estímulos –¡un poco al menos, no hace falta que exprimas los juegos hasta que se deshagan las piezas y hasta que entiendas los motivos personales del autor para crearlos!–. Porque somos como el perrete de la película UP, que cada vez que escuchaba algún ruido la voz de su collar mecánico decía “ardilla!” y desviaba su atención para ponerla en cualquier ruido que le sonara distinto.

'Up' 2009. Disney/Pixar
Estás jugando a un juego con tu amiguete y de repente hace… ¡Ardilla!
‘Up’ 2009. Disney/Pixar

–Trata de recordar qué es lo que te gusta de algunos juegos, no sólo mecánica o temáticamente, sino en cuanto a componentes. Porque muchas veces el elemento visual es el primer dato de la lista a la hora de dejarse ceder a la idea de que parezca atractivo y comprarlo. Dale la vuelta a ese estímulo y date el gusto de dedicarle varios minutos a un solo juego, a mirar sus piezas, el tablero y sus cartas. Reconcíliate con él. ¿Por qué elegiste aquél juego? ¿Por qué este y no otro? Recuérdate que fuiste tú quien tuvo el control de elegir ese juego antes que otro y trata de pensar en por qué.

–Intercala, cuando juegues, una novedad con un juego que tenga más de un año o que hayas adquirido hace más de un año. Piensa en esas cifras como algo flexible y que puedas acomodar a tu experiencia. Quizá te sientas mejor intercalando la novedad de ayer con el juego de hace seis meses, o de hace un mes, o de hace dos o tres años. Elige tu propia cadencia de juegos y partidas, pero elígela, así podrás ver que a veces, como dice Vargas Llosa, releer es un ejercicio más bello que leer.

Haz listados y respétalos. Hay algo que me he acostumbrado a hacer desde hace un tiempo con los libros que quiero leer y también con los juegos que quiero jugar o de asuntos relacionados con los juegos de mesa. En realidad hago listas para todo, la verdad. Y en este caso, las introduzco en una aplicación para el teléfono móvil, hay muchas de ellas que pueden servirte, Trello, Evernote, Keep. Si no, lápiz y papel como toda la vida de dios. Por supuesto esto depende de la época que sea, de si tengo más tiempo para jugar o si se da la oportunidad de jugar a otra cosa que no tengo en el radar, que suele ocurrir a menudo. Os pongo un ejemplo, hoy por hoy miro la lista que elaboré a principios de año y encuentro lo siquiente:

* Juegos a los que jugar: Pericles, El año del Dragón, Frostgrave, Warhammer Conquest, Batalla de los 5 ejércitos, John Company, Lewis and Clark, Gaia Projet, Rising Sun, Symbaroum.

*Cosas relacionadas con los juegos que quiero hacer. Visitar el club Reino del norte, comprar Pendragón, hacer print´n play de ROOT, preparar próximo programa de Planeta de Juegos y escribir para Jugar a Perder.

Pendragon de GMT y Saqueadores del Mar del Norte de Primigenio Ed.
Mis dos últimos juegos, uno al mes. Pendragon de GMT y Saqueadores del Mar del Norte de Primigenio Ed.

Puede que aparentemente no tengan mucho que ver unos juegos con otros pero eso da igual, en realidad lo que ocurre es que estipulo una serie de prioridades de manera activa, por supuesto de forma totalmente personal. Y esta lista no tendría utilidad si no estuviera debidamente poco estirada, no tendría sentido incluir más juegos o más actividades si previsamente no he tratado de conseguir realizar las anteriores. Si tu lista es de treinta o cuarenta puntos, no es una lista, es un despropósito.

Y por supuesto, has de darte margen para lo que pueda surgir, encorsetarse tampoco nos lleva a ningún lugar positivo. Si surge alguna partida o algo relacionado que me apetezca hacer, tampoco voy a ser tan gilipuertas de cerrarme puertas porque “no lo pone en mi lista”. Tomadlo como una guía, una forma de obtener cierto control y ayudarte a hacerte recordar el camino que elegiste seguir.

Los tres siguientes objetivos me funcionan bastante pero son mucho más personales –si cabe–que las anteriores. Insisto, esto me funciona a mí, pero es una manera de ilustrar en qué marco puedo y quiero moverme:

–Mi estantería de juegos es la que es, si hay demasiados juegos y no caben más, han de salir los que no juego o no quiero, ya sea porque los vendo o porque los regale. Admito que hago a veces triquiñuelas para tratar de acometer este objetivo pero al final acabo cediendo gustoso a la idea de que debo revisar mi “colección”.

–80/20. El 80% de los juegos que tengo en casa los juego a menudo o tengo posibilidad de jugarlo más o menos con frecuencia. El 20% restante me apasionan aunque no los juegue más que esporádicamente y quiero tenerlos. Ese porcentaje, más o menos, trato de respetarlo y así no dejar estancados juegos a los que no juegue. Si han pasado más de dos años sin jugarse, valoro si están en el lado del 80% o el del 20% y entonces veo si lo vendo o no.

-Sólo compro un máximo de un juego al mes. Admito que hay dos que están en constante crecimiento (los dos LCGs que hago) pero forman parte de la opción elegida y no siempre se da. Uno al mes, no más.

–Llevo un listado de los juegos vendidos y comprados. Tampoco es nada exagerado pero conozco gente que cuando ha realizado este ejercicio se ha dado cuenta del gasto enorme que ha tenido y visualizarlo le ha dado vértigo. Insisto aquí también, no es malo gastarse el dinero que te salga de las narices en lo que te salga de las narices, sólo es malo si te supone un problema. Pero visualizarlo a veces da una perspectiva de tu propia afición que no tenías hasta entonces.

Si al menos uno de estos consejos te sirve para disfrutar más de la afición, me parece que habrá valido la pena. Si no, recuerda, haz lo que te de la gana, pero siempre mientras realmente estés seguro de que lo que haces con tus juegos, con las partidas y con la gente con la que juegas es lo que realmente quieres hacer y te hace sentir bien.

Dicho esto, espero vuestros comentarios con vuestras ideas para poder disfrutar más de vuestros juegos de mesa.

¡Saludos!

Mindfulness en los juegos de mesa (1)

Si sabéis lo que es el Minfulness es posible que os de curiosidad saber para qué demonios hago uso de ello en estos temas que nos competen. Parece que los 140 caracteres de Twitter dan para todo. Figuradamente y casi literalmente. O no, porque por narices, los estiramos: entablamos conversaciones a traves de ellos, creamos hilos de twits consecutivos y tratamos de encontrar las triquiñuelas para que esos 140 caracteres puedan multiplicarse y hacer perpetuar nuestras ideas y su extensión para darles comprensión. En otras redes sociales ocurre lo mismo, y sin embargo la extensión que conceden no es explotada de las mismas maneras, no puede uno recortarla en trozos y darle sentidos únicos y rápidos de entender por sí mismos.

Nos cuesta explicarnos y nos cuesta atender. No es nuevo, pero tampoco es viejo, va acorde con una intencionalidad social, con el repunte del interés por lo inmediato y de las tecnologías (empresas e individuos) que lo fomentan. Las formas de comunicarnos se ven empujadas a ello. En lo que a nosotros nos compete, en nuestro mundillo casi romántico de los juegos de mesa, si entramos en la dinámica enfermiza, nos vemos ahogados por la novedad. Somos un tipo muy determinado de “consumidor” en el cual se sustenta un porcentaje que busca nichos en los que encajar su moda. Essen, GenCon, festivales diversos, novedades constantes…

Triumph and Tragedy
No, no vas a sacarle todo el partido al Triumph and Tragedy en la primera partida. Ni en la segunda, ni en la tercera… (Triumph and Tragedy 2nd, GMT. Foto: Mecatol Rex)

El mercado lo propicia, con su incesante renovación de títulos, pero somos nosotros quienes solicitamos que así sea. Somos tan constantes en pedir que no nos damos la vuelta a mirar lo que ya hemos pedido antes. No creáis que somos un grueso, no lo somos, somos los específicos, los exigentes con lo que pocos exigen y los que se echan a la espalda más batallas de las que merecen la pena. Y esto, por supuesto, tampoco es nuevo ni exclusivo de este mercado que, – en mi opinión, aunque esto será harina de otro costal– tiene un techo de cristal claro en el que frenar.

Este post podría estar pefectamente hilado con el anterior “Los reglamentos gustan, disgustan, y dan igual“. Porque el germen de ambos se ha generado desde el mismo lugar; mi necesidad de pausar y el deleite que conlleva. Las reglas me han dado bastantes razones para hacerlo. Su lectura, sobre todo en cierta tipología de juegos, me ofrece una amplitud más gratificante y me han dado pistas para a ver lo global que puede ser un juego. Cada juego tiene un objetivo, un público, y un momento. Pero, si pueden extrapolarse, los que cumplan los requisitos que deseo para mí tienen mucho más contenido que la sesión de juego que puedas mantener con ellos.

Es difícil contempla hoy en día que el divertimento y la forma de abrazar la complejidad y enormidad que suponen algunos juegos pueda comenzar, para nosotros, desde el momento en el que se abre la caja. O antes, desde que tienes ligeras ideas del juego, desde que conoces de su existencia, del tema del que va a tratar y un largo etcétera de promesas. Y que pueda extenderse en el tiempo tanto como el idilio que queramos tener. Somos poco fieles a pesar de la enorme fidelidad que algunos de estos juegos nos prometen.

El tiempo del que disponemos es el que es y no da para todo. Las sensaciones, si las queremos, hemos de buscarlas también por el camino. Hay juegos sin exigencias, que ni solicitan ni piden, por eso me bastan 140 caracteres para aprender a jugarlos. Un buen vídeo y listo. Hay otros –a los que más me gustan jugar– que se prestan para ser disfrutados, pero no solamente jugando. Jugar a estos últimos es un objetivo pero no el único. Y el tiempo aquí se torna fundamental.

Hall de exhibiciones de GenCon 2017
Ojú qué estrés. No ha acabado la GenCon y ya estamos pensando en Essen… (Foto: Justin Gary: http://www.justingary.com/)

Que la sesión de juego implique un concepto social puede variar ese objetivo. Las sesiones de aprendizaje, despliegue y resolución de dudas han de ser cuidados en lo posible. Principalmente porque suelen ser juegos que implican reglas de mayor grosor, más meticulosas, que requieren un extra por nuestra parte y episodios de atención casi plena. Y con ello, si pretendes jugarlo, una responsabilidad. Leer las reglas, ponerlas en práctica… Bukowski decía que el conocimiento que no se sabe aplicar es peor que la ignorancia. Imaginad tener que explicar el Pax Porfiriana o el Triumph and Tragedy y no saberse las reglas al dedillo.

Pero yo me refiero al aporte. A su contexto, al todo. Seguro que, explicándome tan mal como lo hago, me entendéis de sobra. Escucho a veces –muy pocas– algunas afirmaciones que chirrían con el modo en el que nos dejamos envolver de esa vorágine de la que hablo: “Me gustan más los juegos que jugarlos“. ¿Nos hemos preguntado por qué? En ocasiones la expectativa subyace del el viaje, y cómo afirmaba Stevenson, la pasión por llegar es mayor que la satisfacción que reside en lugar al que se llega.

Preparar un juego para jugar exprime, implica movimiento, acción mental y física. Implica un aporte que no siempre vuelve en forma de “partida”. Y si estos pasos no son un objetivo en sí mismos puede dar pereza desplegar el juego.

Nuestro afán de condensar todas las sensaciones que queremos sentir a veces impacta directamente convenciéndonos de que el juego y jugar a él es la única meta y satisfacción que puede aportarnos. El mindfulness aplicado a todo este rollo tendría mucho de pausar y mirar; dar un paso atrás, respirar, abrir la caja, disfrutar de la transición y contemplar el todo. Esto parece que choca frontalmente con la realidad. Y es que parece que nos exigen más tiempo del que desearíamos dedicarle antes de obtener el fruto y acaba por dejar el juego en la estantería. Jugar a un juego no es solo jugar al juego. Y esa premisa es la que quiero aplicar a mis experiencias lúdicas siempre que pueda.

Pax Renaissance
Para sacarle el juego a los juegos de Eklund no bastan un par de partidas. Mirad el mazo de arriba a la derecha; es la expansión sin abrir… (Pax Renaissance. Sierra Madre Games)

Así que planteo, desde aquí, una serie de ejercicios –sí, ejercicios, pero no se me asusten, coñe, que tampoco es para tanto– que propicien que poco poco vayamos echando el freno a ciertas costumbres (¿manías?) que inciden en una vorágine de la que quizá quieras alejarte. Y digo “quizá”, que bien puede ser que no lo desees ni pienses necesitarlo.

Pasemos un test y apuntemos las respuestas afirmativas.

  • Soy completista. Me meo por tener que comprar la expansión de un juego que ya tengo.
  • Soy incapaz de entrar en una tienda de juegos sin comprarme algo.
  • Tengo muchos juegos sin probar. De al menos un tercio de ellos no tengo la certeza de poder probarlos en un tiempo relativamente cercano.
  • Compro a ciegas, sin saber con certeza si me va a gustar el juego que compro.
  • Me he visto mirando la disponibilidad de algunos juegos nada más terminar (o durante) la partida a ese juego.
  • Soy capaz de alucinarme con un juego y echarle solo una partida.
  • Tengo la certeza de que no extraigo todo el beneficio posible a mis juegos.

Si al final de la séptima respuesta tu reacción es “Sí, y qué”, es estupendo igualmente. ¿Tienes un problema? No, por supuesto que no lo tienes. Haz lo que quieras. Haz con tus gustos, tus opiniones y tus juegos lo que te de la real gana. Y que nadie diga lo contrario, tu disfrutas con lo tuyo como te apetezca. Pero si alguna de las afirmaciones de arriba te han hecho sentir incómodo, sería genial que fueras capaz de echar un rato en reflexionar en el por qué.

Puede que lo mejor sea empezar por ahí. En próximos post pondré algunas técnicas, reflexiones y apreciaciones que he ido extrayendo de mi propia experiencia y de la que he recibido y observado de los demás. De verdad que recordar ciertas cosas y pausarse un poco –y obligarse a hacerlo, que por ahí va lo del mindfulness– me ha servido para disfrutar de todo este mundillo más –aún– si cabe. Cada uno, si le sirven, podrá –supongo– aplicárselas a sí mismo. Y si no, seguro que tiene cerca alguien a quien poder cedérselas.

Y si no, al diablo, total, vida solo hay una y hay que jugarla a tope.

Manténganse atentos.