Mindfulness en los juegos de mesa (2) Algunos trucos del Mindfulness para disfrutar más y mejor de tus juegos

Desde que ha empezado el nuevo año he escuchado varias voces que me han hecho pensar en que era el momento perfecto para retomar el artículo que tenéis entre manos y que continúa la serie que iniciara con Mindfulness y los juegos de mesa (1).

En este caso puede llevar a engaño el pensar que el artículo que vais a leer tiene que ver con el hecho de que los juegos de mesa sean utilizados para realizar la práctica del mindfulness. Es más bien al contrario: cómo la práctica del minfullness puede ayudarnos a disfrutar más y mejor de nuestros juegos de mesa.

Muchos de nosotros nos movemos en un entorno cercano a los jugadores de un perfil más “hardcore”, aquellos que hacen de su hobby su pasión y de su pasión a veces una obsesión. Juegan mucho, a mucha cantidad de juegos diferentes y ponen mucha carne en el asador de su tiempo y su energía así como una dedicación que va más allá del simple hecho de jugar.

Y en esos ambientes no es la primera vez que escucho cierta preocupación o desidida a la hora de plantearse si se está acometiendo este hobby de forma sana, más o menos comprendiéndose ese término del modo más reconocible posible, es decir, de una manera que no acabe de molestar ni incomodar al que practica el hobby. Hay muchas voces que llevan pidiendo, alrededor de este círculo de núcleos duros de jugadores, un poco de paciencia, un frenazo y la necesidad de atender a algunas querencias que se han visto olvidadas o que directamente se han acabado ignorando.

Ya lo he contado por aquí alguna vez. Si alguno de los que lee esto me conoce es por mi faceta como jugador de juegos y porque hablo de ellos en el podcast Planeta de Juegos. Pero soy, ante todo, lector de libros, y he tenido un sinfín de problemas con la que, antes, consideraba que era “mi colección”. En realidad mi proceso de relación con los libros se basaba en una constante acumulación y una permanente fatiga por intentar clasificarlos, por conseguir más libros que hablaran sobre los temas que me interesaran o sobre los autores a los que les tenía echada la pista. Y luego venía el agobio y la ansiedad de no poder darles cabida física ni abasto para leerlos.

Hay un maravilloso libro de Jacques Bonnet llamado “Bibliotecas llenas de fantasmas” en el que liga de manera histórica cómo vivían este problema grandes coleccionistas de libros que escribieron sobre ello. Algunos quemaban sus libros como recelo y forma de purgar su biblioteca, otros compraban casas enteras con el fin de poder resguardarlos, algunos los guardaban en el aseo –el día que tengáis que guardar vuestros juegos junto al váter, id a ver al médico de inmediato– y así sucesivamente mostraba problemas relacionados con el exceso de celo a los libros y la complejidad de ubicarlos con total garantía de no perder la razón ni hacer que los suelos de las casas se hundieran.

Sin embargo, todos los protagonistas del libro acuden a sus estanterías para calmar la ausencia de certezas, las miran y remiran buscando respuestas a sus propias inquietudes aún a sabiendas de que posiblemente no las encuentren en ellas. Su posesión, en el sentido más infalible de la palabra “poseer”, les servía para apaciguar demonios interiores. Si pensáis vuestro entorno es muy posible que localicéis a personas a vuestro alrededor relacionadas con este perfil.

Bibliotecas llenas de juegos que se te caen! Esta foto tiene un par de meses y ya veo 4 o 5 que ya viven con otro dueño.
¡Bibliotecas llenas de juegos que se te caen! Esta foto tiene algún tiempo y ya veo 4 o 5 que ya viven con otro dueño.

Ahí llega el punto en el que el primer paso es ser conscientes de que la idea de comprar tiene un empuje y un tirón sobre ti superior al hecho de jugar. El sentimiento inicial es el de jugar, porque este es tu mundo, el que te gusta, el de los juegos de mesa. Pero después queda la adquisición, la compra y el completismo. Y este último impulso puede estar por encima del hecho en sí mismo de jugar. Supongo que esto es como lo de que los problemas mejor reconocerlos primero. O algo así. Es decir, en realidad, la cosa es saber dónde estás, en qué lugar te encuentras en toda esta cadena de compro-juego-compro-no juego-compro-no vendo-compro…  en el que el único constante es el comprar. ¿Dónde te encuentras? ¿Te ves reflejado en algún patrón parecido?

Muchas veces insistimos en que si tienes dinero, puedes permitírtelo y no te supone un problema, por qué vas a detener tu ritmo de compras. Esto tiene un doble filo bastante claro. Desde luego que no hay problema ninguno si no haces daño a nadie con nada –ni a ti mismo–pero presuponemos que si estas en este punto, en esta escalera, es que hay algo de este comportamiento que no te hace gracia. No es sobre el dinero que gastes, eso sería un problema a tratar de otras maneras.

Hay quien dice que ese parte de esta afición. No es cierto. Quizá rebuscar juegos antiguos, descatalogados, ediciones especiales y demás rarezas pueda encuadrarse en un estadio de coleccionismo que sí que interese emparentar con actitudes de diversión en las que sí que sí se impliquen sensaciones diferentes. Me niego a pensar en que parte de esta afición conlleva es comprar sistemáticamente, con poco nivel de criterio –o ninguno–simplemente basándonos en que son juegos nuevos, que tienen tirón mediático, o se ven desde la perspectiva condicionada por el coleccionista y el “necesito tenerlo”, para darles una vida no práctica y dejarlos morir en la estantería. Insisto, no hablo del punto del coleccionismo, y temo que más de uno al leer esto piense en mezclar la línea ligera que separa concebirlo como coleccionismo con el hecho de que haya un problema en ello.

Una vez tengamos claro que no queremos seguir este camino y que compramos en exceso o que queremos aprovechar de lo que tenemos, tendríamos que plantearnos qué queremos hacer y de qué manera mejorar nuestra experiencia con nuestra afición. Hay algunas técnicas del libro “Minfulness en la vida cotidiana.” de Kabath-Zinn muy aplicables a todo lo que estamos hablando.

¿Quién tiene a quién? Meepelcidio a lo Gulliver.

La disciplina del mindfulness consiste principalmente en revisar con atención el presente de forma que no llenemos Atención plena al ahora. Y la mente se entrena para ello, hay herramientas para hacerlo de la misma forma que pudiera realizarse con un músculúo cualquiera. Ya no solo por lo que nos ocupa, los juegos de mesa, sino para cualquier aspecto de vuestra vida en general, os aconsejo vivamente echarle un vistazo al libro que os he comentado.

Algunos ejercicios que pueden ayudar y a mí me sirvieron con mis pequeña guerra con los libros fueron estos:

–Te diviertes mirando novedades, buscándolas por internet, entrando en tiendas online, viendo foros y etcétera; extrapola ese placer al hecho de que puede que el placer en sí mismo esté ahí, en hacer esta actividad y en el hecho de comprar el juego. Lo que ocurre después de pagar y vaciar el carrito de la compra puede que no sea más que una vuelta a empezar y comenzar el mismo proceso de nuevo. ¿Te ocurre a ti?

–Acotar nuestras querencias y deseos a un puñado de opciones. Hay tantas cosas disponibles pueden formar parte de una oferta demasiado suculenta e imposible de abarcar. Así pues, has de ser tú quien escoja tu propia oferta, y no permitir que el mercado sea el que escoja por ti. Elige qué quieres, cuál va a ser tu oferta, en qué punto quieres dejar pasar los estímulos y decidir si los que traspasan esa barrera forman parte de la oferta que tú has elegido.

–Comparte objetivo con tu grupo habitual de juego. Si hay tres opciones y no sabes cuál elegir, es posible que alguien de tu entorno tenga la misma duda y que podáis repartiros objetivos. De los tres kickstarters en los que estas a punto de meterte, es posible que tus amiguetes de grupo de juego estén los tengan en su punto de mira también. ¿Por qué no hablar con ellos y quizá así ayudarte a escoger? Ya, ya sé que esto va directamente en contra de la idea de coleccionismo que puede que tengas en la cabeza, pero… realmente de esto trata este post y estos ejercicios, ¿no?

–Mira tu estantería, acércate y coge los juegos que compraste empujado por las ganas de jugarlos. Así rollo Gollum, “mi tesoooooro…”. Vuelve a acordarte de aquellos juegos que estuviste esperando durante tanto tiempo y, o bien no has jugado, o apenas le has echado una partida. Pero hazlo, en serio, échale un rato a rebuscar. Sé conciso además. Elige una estantería, elige una balda, y quédate con ella durante ese ratito; no te vayas más allá de las cuatro maderas que la forman. Oblígate a no desviar tu atención. Parece sencillo y quizá te suene absurdo, pero uno de los peores enemigos de nuestro hobby es muchas veces la incapacidad de centrarnos demasiado y profundizar de forma unitaria, y querer ver todos los juegos como una sucesión de estímulos –¡un poco al menos, no hace falta que exprimas los juegos hasta que se deshagan las piezas y hasta que entiendas los motivos personales del autor para crearlos!–. Porque somos como el perrete de la película UP, que cada vez que escuchaba algún ruido la voz de su collar mecánico decía “ardilla!” y desviaba su atención para ponerla en cualquier ruido que le sonara distinto.

'Up' 2009. Disney/Pixar
Estás jugando a un juego con tu amiguete y de repente hace… ¡Ardilla!
‘Up’ 2009. Disney/Pixar

–Trata de recordar qué es lo que te gusta de algunos juegos, no sólo mecánica o temáticamente, sino en cuanto a componentes. Porque muchas veces el elemento visual es el primer dato de la lista a la hora de dejarse ceder a la idea de que parezca atractivo y comprarlo. Dale la vuelta a ese estímulo y date el gusto de dedicarle varios minutos a un solo juego, a mirar sus piezas, el tablero y sus cartas. Reconcíliate con él. ¿Por qué elegiste aquél juego? ¿Por qué este y no otro? Recuérdate que fuiste tú quien tuvo el control de elegir ese juego antes que otro y trata de pensar en por qué.

–Intercala, cuando juegues, una novedad con un juego que tenga más de un año o que hayas adquirido hace más de un año. Piensa en esas cifras como algo flexible y que puedas acomodar a tu experiencia. Quizá te sientas mejor intercalando la novedad de ayer con el juego de hace seis meses, o de hace un mes, o de hace dos o tres años. Elige tu propia cadencia de juegos y partidas, pero elígela, así podrás ver que a veces, como dice Vargas Llosa, releer es un ejercicio más bello que leer.

Haz listados y respétalos. Hay algo que me he acostumbrado a hacer desde hace un tiempo con los libros que quiero leer y también con los juegos que quiero jugar o de asuntos relacionados con los juegos de mesa. En realidad hago listas para todo, la verdad. Y en este caso, las introduzco en una aplicación para el teléfono móvil, hay muchas de ellas que pueden servirte, Trello, Evernote, Keep. Si no, lápiz y papel como toda la vida de dios. Por supuesto esto depende de la época que sea, de si tengo más tiempo para jugar o si se da la oportunidad de jugar a otra cosa que no tengo en el radar, que suele ocurrir a menudo. Os pongo un ejemplo, hoy por hoy miro la lista que elaboré a principios de año y encuentro lo siquiente:

* Juegos a los que jugar: Pericles, El año del Dragón, Frostgrave, Warhammer Conquest, Batalla de los 5 ejércitos, John Company, Lewis and Clark, Gaia Projet, Rising Sun, Symbaroum.

*Cosas relacionadas con los juegos que quiero hacer. Visitar el club Reino del norte, comprar Pendragón, hacer print´n play de ROOT, preparar próximo programa de Planeta de Juegos y escribir para Jugar a Perder.

Pendragon de GMT y Saqueadores del Mar del Norte de Primigenio Ed.
Mis dos últimos juegos, uno al mes. Pendragon de GMT y Saqueadores del Mar del Norte de Primigenio Ed.

Puede que aparentemente no tengan mucho que ver unos juegos con otros pero eso da igual, en realidad lo que ocurre es que estipulo una serie de prioridades de manera activa, por supuesto de forma totalmente personal. Y esta lista no tendría utilidad si no estuviera debidamente poco estirada, no tendría sentido incluir más juegos o más actividades si previsamente no he tratado de conseguir realizar las anteriores. Si tu lista es de treinta o cuarenta puntos, no es una lista, es un despropósito.

Y por supuesto, has de darte margen para lo que pueda surgir, encorsetarse tampoco nos lleva a ningún lugar positivo. Si surge alguna partida o algo relacionado que me apetezca hacer, tampoco voy a ser tan gilipuertas de cerrarme puertas porque “no lo pone en mi lista”. Tomadlo como una guía, una forma de obtener cierto control y ayudarte a hacerte recordar el camino que elegiste seguir.

Los tres siguientes objetivos me funcionan bastante pero son mucho más personales –si cabe–que las anteriores. Insisto, esto me funciona a mí, pero es una manera de ilustrar en qué marco puedo y quiero moverme:

–Mi estantería de juegos es la que es, si hay demasiados juegos y no caben más, han de salir los que no juego o no quiero, ya sea porque los vendo o porque los regale. Admito que hago a veces triquiñuelas para tratar de acometer este objetivo pero al final acabo cediendo gustoso a la idea de que debo revisar mi “colección”.

–80/20. El 80% de los juegos que tengo en casa los juego a menudo o tengo posibilidad de jugarlo más o menos con frecuencia. El 20% restante me apasionan aunque no los juegue más que esporádicamente y quiero tenerlos. Ese porcentaje, más o menos, trato de respetarlo y así no dejar estancados juegos a los que no juegue. Si han pasado más de dos años sin jugarse, valoro si están en el lado del 80% o el del 20% y entonces veo si lo vendo o no.

-Sólo compro un máximo de un juego al mes. Admito que hay dos que están en constante crecimiento (los dos LCGs que hago) pero forman parte de la opción elegida y no siempre se da. Uno al mes, no más.

–Llevo un listado de los juegos vendidos y comprados. Tampoco es nada exagerado pero conozco gente que cuando ha realizado este ejercicio se ha dado cuenta del gasto enorme que ha tenido y visualizarlo le ha dado vértigo. Insisto aquí también, no es malo gastarse el dinero que te salga de las narices en lo que te salga de las narices, sólo es malo si te supone un problema. Pero visualizarlo a veces da una perspectiva de tu propia afición que no tenías hasta entonces.

Si al menos uno de estos consejos te sirve para disfrutar más de la afición, me parece que habrá valido la pena. Si no, recuerda, haz lo que te de la gana, pero siempre mientras realmente estés seguro de que lo que haces con tus juegos, con las partidas y con la gente con la que juegas es lo que realmente quieres hacer y te hace sentir bien.

Dicho esto, espero vuestros comentarios con vuestras ideas para poder disfrutar más de vuestros juegos de mesa.

¡Saludos!

Sobre juegos, sin juegos – 2017 Algunos de los hitos de mi año relacionados con juegos de mesa que no son juegos de mesa.

Esta es una recopilación –muy personal–de lo que para mí ha sido durante este año 2017 algunos de los hitos más importantes relacionados con juegos de mesa, pero que no son juegos de mesa. No se trata de lo mejor, no tienen un orden ni obedecen a un listado, pero han hecho que pensara en más cosas que en juegos de mesa sin dejar de pertenecer al mundo de los juegos de mesa.

Pintar monigotes.

Os voy a contar una pequeña historia personal. Durante una época algo chunga viví bastante alejado de cualquier tipo de actividad relacionada con el ocio. Ocupaba mi espacio de la manera más activa posible, siempre buscado un beneficio utilitario en cualquier quehacer que tenía entre manos.

Y como podéis imaginar todo acababa llegando a ser bastante agobiante hasta el punto de no poder gestionarme a mí mismo por no poder gestionar mi tiempo. El estrés es la peor enfermedad que este nuevo modo de vida nos ha legado, amigos.

El médico me dijo que necesitaba parar, que tenía que encontrar una actividad que me empujase a no tener que ver lo que hacía como algo que debiera repercutir en algo de “buen provecho”. Me preguntó que si me gustaba pintar. Le dije que cuando era adolescente dibujaba, y no lo hacía mal. Y precisamente por eso era una actividad que podía volvérseme en contra; si me viera de nuevo dibujando mal por falta de práctica, tantos años después, podría tender a compararme con mi “yo” de hace quince años, que lo hacía mucho mejor. Y así sería más sencillo abandonar.

No os riais de mis recién pintadas figuiritas, ¡recordad que todo es para calmar la ansiedad!
No os riais de mis recién pintadas figuiritas, ¡recordad que todo es para calmar la ansiedad!

¿Algo que no se me dé bien o que nunca haya probado anteriormente? Recordé mis figuritas de Warhammer. Con el visto bueno del médico las recuperé del fondo del armario, compré varias pinturas y me pasé aquel verano pintando. Lo mejor de esto no es sólo la satisfacción de ver el proceso completo con todos sus pasos y consecuencias.

Pero también la obligatoriedad de parar, de que cada capa de pintura requiere su tiempo, su secado y su nueva capa, y es algo que uno no puede controlar. Un amigo mío que le ha pillado el gusto a hacer pan me decía lo mismo, que debía esperar a que el horno y la fermentación hicieran su trabajo; aquí no vale con querer seguir adelante y tener tu pan listo cuando te dé la gana. Con las figuras ocurre lo mismo. Hay niveles y niveles, por supuesto, pero todos requieren un tiempo que no nos queda más narices que conceder.

Hace poco estuve aquejado de una neumonía. Quizá otra señal de que debía parar un poco y caminar con más firmeza que rapidez. Así que, gracias a la “Academia Imperial Assault” y a sus integrantes –una iniciativa para revitalizar el juego en el club Mecatol Rex– he recuperado el gusto y las ganas de pintar, esta vez figuritas de Star Wars. Va más allá de hacerlo mejor o peor, que queden más o menos vistosas en mesa. Se trata de ejercer un derecho que a veces se me olvida que tengo; el de no hacer absolutamente nada productivo per se.

Podcast y otros medios.

No es cuestión de lanzarnos besos ni hacer la pelota más de lo debido. Ni conozco todos los medios ni creo que estos sean los mejores de la manera más objetiva, puesto que habrá otras disciplinas que considere menos afines a mí. Me consta que hay grandes medios sobre aprendizaje a través del juego o que se nutren de reseñas de juegos de mesa, pero no me interesan especialmente o no los leo con tanta avidez como otros. Además, no veo apenas vídeos a no ser que sean sobre algo que busque en un momento concreto. Pero hay tres medios sobre juegos de mesa que quiero destacar y que son posiblemente los que más me han interesado a lo largo de este año.

No solo juegos solos es un podcast de juegos de mesa que tiene algo más de un año de vida. Sus programas sobrepasan lo aconsejable en términos temporales, o lo que podríamos nombrar como estandarizado. A veces porque parezca pasarse de vueltas o enrollarse demasiado. Pero en realidad no es verdad. Los cortes y las secciones son lo suficientemente distinguibles como para poder tener empaque distinto, a pesar de que, en muchas ocasiones, el cuerpo del programa ocupe un tema principal.

Es, extrapolado a mis juegos, lo que me gustaría a mí para exprimir mis propias experiencias; un roer y analizar tranquilo, sosegado, sin prisas y tratando del caminar por todos los caminos posibles. Además, trata de incluir temas que se alejan de los que el panorama “podcastil” se empeña hasta la saciedad: aquí no se habla de ferias ni se le da mil vueltas a Essen, ni se pliega a novedades, ni se habla de juegos fatuos a los que echarás una sola partida. Esto tiene doble rasero, claro, porque sus grabaciones, como buen cocido a fuego lento, se hacen esperar.

El programa hace hincapié a juegos que puedan jugarse en solitario, pero su autor –conocido como Vilvoh en el mundillo– creo que ya ha sobrepasado el interés por resultar específico y se ha diversificado lo suficiente como para ver temas potenciales en casi cualquier lado. Y yo, como oyente, lo agradezco. A destacar, este año, la doble ración del especial verano –casi diez horas de audio–, para mí lo mejor en cuanto a podcast se refiere que he escuchado este 2017.

Portada del portal de La Matatena
Portada del portal de La Matatena

La Matatena es un blog mejicano que contiene artículos de todo tipo, por lo que podría decirse que es un cajón de sastre bien nutrido y estructurado. Podría igualmente decirse que aspira a conectar a todos los tipos de jugadores –algo imposible por otra parte–pero lo bueno es que cualquiera de sus artículos tiene un toque característico que les acaba por definir. Los artículos que más me interesan son de carácter editorial, a modo de opinión, sobre análisis de tipologías concretas, de situaciones socioculturales o aspectos de los juegos de mesa que van más allá del juego.

También se mantienen pegados a la actualidad salpicando sus artículos de actualizaciones periódicas de los Kickstarters que más les interesan. Son prolíficos, escriben muy bien, y además son muy majos, y eso se traspira. No solo por lo que trasmiten, sino porque su medio hermano, el podcast Mariachi Meeple, tiene entre sus integrantes varios de los miembros de la Matatena, y ahí hacen notar su desparpajo y sus ganas y simpatía. Pero sobre todo, van más allá de los juegos y por eso para mí se han convertido en un portal que visito siempre que hay una nueva entrada en él.

Rol de los 90 es un blog para todos los que nos atrevimos a encararnos al rol con solo un par de dados, una hoja en blanco y un lápiz. Respira nostalgia en todos sus post pero también un amor fundamental por un tiempo en el que nada importaba más que lo que podías encontrar más allá de la entrada a la mazmorra, y nada podría ocupar más tu mente que la próxima tirada de dados. Tardes enteras en el desván jugando hasta morirnos de sueño, de veranos eternos y bocadillos de chocolate blanco. Todo esto, además de tesoros escondidos, diseños no publicados, colecciones antiguas y gran cantidad de temas relacionados con lo que envolvió al rol en sus primeros años en España, es lo que destila este blog que merece darse a conocer tanto como sea necesario.

Mihaljo Dimitrevski, “el equilibrado”.

En él personifico un gusto por la vistosidad y el buen hacer artístico del que voy tomando cada vez mayor nota en los juegos. No es, por supuesto, mi interés primigenio, pero como entenderéis a continuación, lo que pretendo es hacer destacar qué es lo que este autor aporta y qué me encanta que hagan los dibujantes.

Sus dibujos, aparte de ser preciosistas, con un tratamiento del color fastuoso y espectacular, tienen la suficiente entereza como para, cuando es necesario, pasar desapercibidos. No llega a niveles como autores de corte francés que temo –adoro a Vicent Dutrait–a veces eclipsen el juego, que lo desnivelen y lo desequilibren. Un dibujante que deja una sensación de estar por encima o por debajo de la obra que ilustra desmerece al juego, en un sentido u otro. Las sensaciones son las que han de permanecer, y han de mantenerse en equilibrio con la utilidad de las ilustraciones.

Algunos diseños de Dimitrevski para 'Raiders of the north sea' que edita en español Primigenio.
Algunos diseños de Dimitrevski para ‘Raiders of the north sea’ que edita en español Primigenio.

Hago hincapié en la ilustración más allá al diseño –indispensable pero no exactamente en el caso que nos ocupa– por tener en cuenta que destaco a Dimitrevsky como un dibujante en línea con todos los juegos que ilustra –y que he podido jugar, vaya–, que se caracterizan por su peso, mecánicas y accesibilidad. Dimitrevsky es el hombre ideal para el juego que imaginas que ilustrará. Para poner en contexto a lo que me refiero, voy a tratar de ilustrarlo –nunca mejor dicho– con un par de ejemplos.

Ejemplos recientes de desequilibrio: Agra y Gaia Projet.

Ejemplos recientes de equilibrio: Pulsar 2849 y Lisboa.

Además, se da la feliz circunstancia –y es algo que merece destacarse– que Dimitrevsky hace un tratamiento muy cuidado de sus personajes masculinos y femeninos. Su cercanía al cartoon podría propiciar actitudes desafortunadas que no llegan a darse. No veremos personajes cosificados en ningún sentido más allá de lo que el tema del juego exija y permita al dibujante experimentar. Da una constante sensación de respeto y divertimento –y ausencia de incompatibilidades– que no puedo dejar de subrayar.

Geek and Sundry

Supongo que no todos conocéis este canal emitido por plataforma Twitch y un portal dedicado a juegos de mesa, rol y fandom que se emite en EEUU y que está recabando considerables audiencias. Y es sorprendente cuando hablamos de producciones especialmente creadas para un círculo que nos incluye: explicaciones de juegos, series de televisión propia con temáticas de ciencia ficción-fantasía y hasta partidas de rol.

Aun siendo un medio profesional y con algunas carencias de producción, es tan destacable todo lo que realizan, por medios y recursos técnicos y humanos, que no puede más que merecer mi aplauso. Aunque no me apasionen ni me atraigan la mayoría de sus contenidos.

Portada de la página oficial de 'Geek and Sundry'.
Portada de la página oficial de ‘Geek and Sundry’.

Más allá de aunar un mainstream cada vez más latente, el valor que tiene es el de erigirse como modelo y ocupar un hueco especialmente difícil de cubrir. La respuesta fan de sus oyentes se hace notar en redes sociales, además, de forma cualitativa y muy creativa. Hay mucho talento oculto que sale a la luz cuando focos como este tipo de proyectos ejercen de empuje para dar un paso adelante.

Muy a destacar la partida de rol en directo que juegan a Dungeons & Dragons, en la que participan famosos que han pasado la barrera de secundarios de cine y televisión para erigirse como puntas de lanza de este proyecto. Las historias, imaginativas pero bastante “blancas”, refuerzan el vínculo con sus oyentes, registran un seguimiento masivo, y una respuesta proactiva y sorprendente. Si nos dicen hace años que decenas de miles de personas verían partidas de rol en directo en un canal emitido a todo el mundo, nos costaría creerlo.

Es un modelo muy característico que posiblemente por sus circustancias –y presupuesto–, hoy por hoy, no pueda darse más que en EEUU, pero un modelo, al fin y al cabo, que tener muy en cuenta.

Symbaroum

No solo por la excelente y comunicativa campaña de Kickstarter que realizaron a principios de año, sino, y sobre todo, porque ha devuelto mi interés por el rol y por la fantasía en el particular espectro en el que se mueve el juego del estudio Jarninger y que ha editado en español Nosolorol.

Vale, quizá no todo de lo que hable sean juegos de mesa. Pero nunca me había ocurrido esperar los libros que continúan las historias, desear saber más de los personajes y ver la evolución de la historia global del juego. Es el ambiente, sus personajes, su historia oscura y desesperante, su vinculación mitológica con folclore nórdico, con la joya que es Bosque Mitago y con Lovecraft y un bien medido Tolkien.

Symbaroum.
Symbaroum.

Y la claridad de sus tramas para alguien que acomete el rol por primera vez, la facilidad de entrada y la sencillez y opciones de complicación. Pero por hacer honor a esta entrada, casi es más el interés por el tema y cómo se cuenta que por el propio juego en sí. Y esto es algo que sólo puede darte el rol y a mí me lo está dando Symbaroum.

No conozco demasiados juegos de rol, y seguro que los que sepáis más de esto podáis confirmar que hay mejores modos de juego que el desarrollado para Symbaroum. Pero a mí me funciona de forma tan sencilla que casi a veces me parece ridículo que algo tan aparentemente simple esconda toda la complejidad que quieras tratarle. Las opciones de acceder, obviar, olvidar e incluir son tantas que no hace falta más que las ganas. Algo que cada vez veo se pone más en valor a la hora de diseñar un juego de rol.

Pienso, además, que la producción física de un juego de rol siempre saldrá ganando contra la elaboración y fabricación de componentes que exige un juego de mesa. Un proyecto en Kickstarter dedicado al rol tiene mucho más que ganar en cuanto a tiempos de entrega si no tiene figuras que imprimir en 3D en alguna fábrica china que cierre por el fin de año chino. Es un juego que merece una entrada propia y espero dársela en algún momento.

Como último a destacar os dejo el enlace de un calendario que ha realizado Yol, del blog análisisalcubo, con fotografías realizadas con la exquisitez y el buen gusto que caracterizan sus entradas. Un buen modo de empezar el año.

Sin más, os animo a comentar qué es lo que consideráis a destacar, dentro del mundo de los juegos de mesa, que no sean juegos de mesa.

¡Que tengáis un gran año!

El evangelio del jugador de juegos de mesa ¿Debemos empeñarnos en que a todo el mundo le gusten los juegos de mesa?

El jugador se proclama a sí mismo caballero, abraza el evangelio de los juegos de mesa, se pone de rodillas frente al Catán y decide que, desde ese día, enseñará a todo el mundo a jugar a sus juegos de mesa favoritos.

Porque el recién creado evangelizador, el jugador de nuevo cuño, no puede pensar en otra cosa que no sea en jugar. Está inmerso en la fase posterior a sus primeras partidas a juegos que posiblemente queden atrás en seguida. Quizá ya ha probado algún peso medio, algún juego de cartas nunca antes visto, o alguno con mazmorras y figuras como para asfixiarse de éxtasis. Todo es novedoso, todo es de olores frutales y de colores mistéricos. Todo es exótico hasta decir basta.

¿Pero, sabemos en qué hora decir “basta”?

King of Tokyo
“King of Tokyo” fue uno de los juegos que más lamenté mostrar a todo el mundo. (Richard Garfield, Editado en España por DEVIR)

Venga, no os engañéis. Seguro que todos habéis tenido la agridulce sensación de saberse en una cita con tiempo y gente a la que “evangelizar” y que se transforma en derrota al traerse los juegos que te llevaste sin sacarlos de la bolsa en la que los transportabas. Cuando todo es novedad queremos compartir hasta tal punto nuestras estupefactas sensaciones que presentamos batalla a cualquiera que quiera hacer frente a nuestro frenesí evangelizador.

¿Una cena entre amigos? Después de cenar, sacas el juego. “¿Una partidita? He traído algunos juegos…

¡Reconocedlo! Habéis sido los “turras de los jueguitos”. Los que han querido contarle los parabienes de jugar a juegos de mesa a todo el mundo que se atreviera a escucharos. Os habéis puesto las capas evangelizadoras y habéis pasado a formar parte de los fieles defensores de frases como “los juegos son cultura”, o “mejor jugar que irse de copas”. O a veces incluso “así ahorras dinero y además le das al coco”. Tremendas.

En serio, quizá me he puesto demasiado en extremo, pero… ¿a que entendéis por dónde van los tiros? No tienen estas líneas pretensión ninguna de juzgar a nadie.  Son más un cauto subrayado de actitudes que parece que van de la mano en el ciclo vital de un jugador de juegos de mesa.

¿Haríamos lo mismo si nuestra afición fuera modelar maquetas? ¿O si coleccionáramos sellos? Tampoco nos engañemos, los juegos de mesa empujan y facilitan que busquemos compartir por su fuerte e indispensable componente social. Quizá haya aficiones con un carácter social fuerte que insistan en este punto. Pero sólo acaba por poner de manifiesto una verdad incontestable, y es que, al final, el que juega estas cosas, antes o después, juega con gente y necesita compartir

¿Y ahora qué? Qué ocurre cuando ya se ha pasado por eso y el fracaso, una y otra vez se ha hecho patente? ¿O cuando la victoria queda clara y tiempo pasa, se promulga la evangelización con la misma energía? Me da que estas actitudes llegan siempre a un punto en el que no se puede más.

Jornadas Ludo Ergo Sum. Madrid. Fotografía de Mami Meeple
Las jornadas de juego son una ocasión perfecta para dar rienda suelta a los placeres quizá imposibles. (Jornadas Ludo Ergo Sum. Madrid. Fotografía de Mami Meeple)

Yo ya no saco juegos; si acaso, me los piden. O si voy a visitar a alguien y me piden que lleve juegos –no sale de mí–llevaré uno, no diez como hacía antes, y dicho juego será lo más asequible y menos extenso posible, a no ser que los anfitriones me den pistas de lo contrario.

Creo que ya he acabado con esa ley no escrita grabada a fuego en mi cogote de que lo que a mí me gusta “cómo no va a gustarle a los demás”. Porque hubo un tiempo en el que estaba convencido de que si a alguien no le gustaban los juegos de mesa es que no los había probado, o no había dado con el adecuado. Y allí estaba yo para solucionarlo, claro. Me ocurrió algo parecido con el discurso que mantenía con la literatura. Si a alguien no le gustaba leer –pensaba–es que no había encontrado “su” libro. Chorradas, vaya.

¿Pero realmente es así? Hace tiempo que ni me lo pregunto. Cuando alguien pudo ponerme la etiqueta de “el amigo de los juegos de mesa” me di cuenta de que quizá estaba siendo un cansino. Prefería que se refirieran a mí de otra manera y no esperar que alguien se sintiera incómodo, obligado socialmente o simplemente sin predisposición a jugar si yo llegaba con una bolsa de juegos y los ponía sobre la mesa después de una cena.

Vale, me estoy pasando, nunca he sido tan cansino. Pero estoy seguro de que os habéis encontrado en algún momento en este punto, o que conocéis a alguien que lo haya estado. Dos ejemplos que, por cansino, se han”revuelto” contra uno mismo; King of Tokyo y Crazy Coconuts.

Son dos juegos divertidos, accesibles, sencillos y casi en el caso del segundo, simples. Los sacaba constantemente en diferentes grupos de personas y fue aceptado hasta tal punto que con esas personas sólo podía jugar a esos juegos hasta, literalmente, destrozarlos de uso. Imaginaos jugar una y otra vez a cualquiera de ellos, y que siempre que te citases con esos grupos te pidieran jugar los mismos juegos. Porque no son aficionados, sino que juegan, y quedar contigo pasa por jugar a esos “jueguitos divertidos” de los que tú ya estás hasta las mismísimas narices…

Crazy Coconuts, Walter Schneider 2013, KoreaBoardGames
Las caras de estos montes me perseguían constantemente… (Crazy Coconuts, Walter Schneider 2013, KoreaBoardGames)

¿En qué momento esto de evangelizar a todo el mundo se nos pasa? Supongo que cada uno tiene sus tiempos. Pero cuando encuentras un núcleo con el que jugar y que te satisface en ese sentido, creo que no necesitas más. En mi caso ocurrió cuando encontré el club Mecatol Rex de Madrid donde dar rienda suelta a cualquier instinto lúdico que pudiera contenerme. Pero comprendo que haya gente que quiere jugar y no encuentra ese grupo que le satisfaga. Su única salida es evangelizar. Con cierto egoísmo quizá, pero que se justifica por una cuestión de supervivencia.

El mundo de los juegos de mesa tiene mucho de democratizante, y sus jugadores tienden a ser altruistas, de prestarse a ser iniciadores de quienes tienen curiosidad, y a todo esto lo rodea un hálito de pureza, como de “un buen rollo” intrínseco, que viene de serie con eso de ser jugador de mesa y querer enseñar. Ser egoísta y querer que los demás jueguen con nosotros parece que rompe ese ensoñamiento, y sin embargo es una de las causas más consecuentes por las cuales la gente enseña a otros a jugar.

Cuando uno decide dejar de evangelizar suele ser por dos razones.

1- La victoria patente en la mentalidad jugona de quienes le rodean ha vencido. Has hecho mella en los no creyentes y has creado un grupo de juego que te satisface –o no, pero es un grupo de juego al menos que ya es más de lo que tenía antes–.

2- Derrota. La resignación consiguiente conlleva dejar de hacer viajar los juegos de un sitio a otro. Ya está bien de volverse a casa con la bolsa repleta de juegos sin abrir. Ya basta de hacerse falsas esperanzas y que al final nadie juegue contigo. No volverá a ocurrir ilusionarse porque los amigos han aceptado echar una partida a algo que has cejado en tu empeño cuando no has podido apenas explicar la primera regla del juego antes de que alguien dijera “me aburro”.

Cartel de la jornada de puertas abiertas "El dado del miedo" de Mecatol Rex.
Cartel de la jornada de puertas abiertas “El dado del miedo 2017” de la asociación de juegos Mecatol Rex. Las asociaciones de juegos hacen jornadas de puertas abiertas con una clara actitud evangelizable. Pero hay quien, por sus circunstancias, sólo tiene este tipo de eventos para poder jugar.

¿Qué soluciones hay a partir del punto dos? Los más afortunados podrán “pagar” por jugar, pudiendo apuntarse a un club en el que hacerlo. Los menos afortunados podrán tener cerca jornadas organizadas donde poder apuntarse a partidas y darse rienda suelta. Los desdichados no tendrán ninguna oportunidad de jugar y poco más que aspirarán a poder satisfacer sus necesidades gracias a juegos en solitario, espacios concretos únicos para él, conexiones en plataformas de juego digitales y un largo etcétera de posibles onanismo.

Pero lo más desgraciados serán los repudiados.
Porque han sido unos cansinos con los putos jueguecitos. Porque ya está bien de hablar de “tenéis que jugar al Catán”, “el próximo día que quedemos me llevo unos juegos”, “podéis venir este viernes a casa y os enseño el Carcassone, os va a encantar”. Repudiado por ser un pesado. Un cansino. Un tipo que parece que tiene el puñetero jueguecito en la boca cada vez que alguien habla o que busca la oportunidad de meter con calzador en la conversación pequeños comentarios subliminales como “los juegos de mesa son cultura”, “jugar es un ejercicio maravilloso para la mente”…

Pesado. Cansino. Ya está bien. Deja de cansar a los demás con tus aficiones. Si alguien no quiere jugar, no le toques más las narices. Si ves que a la segunda o la tercera que sacas el tema no hay interés, no sigas por ahí. No hagas chantajes emocionales. No quieras compartirlo todo, por mucho que te apasione; hay quien no va a escucharte, y más dura será la caída.

Ahora os hablo a vosotros, amigos de aficionados a los juegos de mesa. Os hablo a vosotros. Permitid a vuestros amigos que os muestren lo que significa este mundillo. Parad un poco a escucharles, porque a quienes les apasiona algo les encanta hablar de ello, y hay pocas cosas más especiales en las relaciones humanas que escuchar a alguien que habla con pasión de lo que realmente le apasiona, de lo que le gusta. Prestad vuestros oídos, dad una oportunidad a las personas que quieren ser escuchadas, no tiréis por tierra las aficiones de nadie antes de conocerlas por su viva voz, y menos cuando esta afición implica algo que les haga participar con vosotros, que os pida implicaros como parte activa de él y compartir algo, como son los juegos de mesa.

Pero si no os interesa, dejadlo claro desde el principio. La condescendencia sólo ha traído malentendidos a quien la practica.

Termino diciendo algo que suena tan sufrido como las frases evangelizadora que dan más repelús de todas, pero de lo que estoy altamente convencido a pesar del riesgo maniqueísta que tiene: todos nos llevaríamos mucho mejor si hiciéramos más a menudo por jugar al rededor de una mesa.