Justicia Sideral (I) – La negociación en ‘Pericles’ Es de justicia afirmar que la comparación con Churchill, su antecesor, es compleja y dispar. Y , oh, sorpresa; lo que más en común tienen es 'la negociación'

Hay juegos que por razones que a primera vista desconocemos acaban saliendo de nuestros radares. Estas razones pueden ser de toda índole, no tiene por qué ser ninguna especialmente concreta. A veces escuchamos un mal comentario, leemos algo en redes sociales, o simplemente no vemos claros los colores de la portada. La oferta a veces es tal que llamar nuestra atención o no hacerlo depende de que queramos jugar o no a un juego.

En esta serie nueva de artículos pretendo establecer el marcador desde cero ante algunos juegos de los que hemos oído, escuchado y leído afirmaciones que, sin ser inciertas, nos limitan a la hora de acercarnos a ciertos juegos.
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Vigila dónde te sientas Tu experiencia en la partida empieza desde el momento en que decides qué lugar ocupas en la mesa.

Cuando hablamos de elementos tocables, palpables, visuales y creamos nuestro propio esquema de la partida, el mismo jugador puede crear directrices y retorcer sus elementos creando sensaciones que se alejan de las de los otros jugadores. La primera experiencia que he podido constatar y de la que tratan este puñado de lineas es la más lógica y física de todas: la experiencia de juego varía dependiendo del lugar que ocupes en la mesa.
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Los reglamentos gustan, disgustan y dan igual.

Los juegos nos conceden la amable solicitud de tener que aprender a jugarlos. Un precioso libreto al que llaman y llamamos “de reglas” está dispuesto a hacernos llegar las herramientas que nos permitan disfrutar de ellos. ¿Pero quién quiere leer reglas cuando pueden enseñarle a jugar?
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