Jugar sin parar Unas jornadas lúdicas son experiencias en sí mismas y me hacen reflexionar sobre la forma de acceder y concebir las partidas.

Este fin de semana he formado parte de una convivencia lúdica a la que, muy acertadamente –a buen entendedor…– se le ha llamado Las Grecas. Puede que no os suene porque está organizada de forma privada, pero sus integrantes han hecho de ella, y está era su tercera edición, un punto de encuentro a tener muy en cuenta para los que hemos tenido la suerte de formar parte de la experiencia.
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Las trece partidas perdidas

Permítanme que les cuente la historia que, en cierto modo, tiene mucho que ver con el nombre de este blog.
Hace unos años veraneaba con unos amigos por las playas de vaya usted a saber dónde. No éramos muchos pero nos bastábamos dos para echar unas manos de cartas. En aquél entonces, empezaba su andadura la versión 2.0 del juego de cartas LCG Juego de Tronos.
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Sentencias en la playa

La cantidad de juegos que me he traído a mi retiro veraniego no es, ni mucho menos, la misma que los años anteriores. En otras ocasiones he apostado por la cantidad, porque lo que me propiciaba tener una buena gama de posibilidades era precisamente eso, tener suficiente como para darme margen para elegir.
Aún teniendo poco espacio, apretaba y empujaba, metía caja dentro de caja, desmantelaba sus piezas y propiciaba en lo posible que en el maletero entrasen la mayor cantidad de juegos. Incluso algunos Euros relativamente difíciles de sacar a mesa para jugar con la gente con la que jugaría aquí. Vamos, de esos que te llevas para pasearles durante 500 kilómetros, ida y vuelta.
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