Nos vemos en Mos Eisley. A ti, amigo.

Quizá esto que escribo sea un pequeño ejercicio de exorcismo por mi parte y una manera de pensar en que si lo hago, de alguna manera, te estoy rindiendo algún tipo de homenaje. A ti, Iván, por ser quien eras y por lo que has representado. Y también a los demás, a esos con quienes jugamos, con quienes vivimos lo que nos gusta, esos que están siempre ahí, a tiro de piedra y que conforman recuerdos indelebles, de los que ni la fatiga ni el tiempo se atreve a borrar.

Nos llamamos, nos enviamos mensajes, quedamos para jugar y nos sentamos alrededor de una mesa. Constantemente. Pasan los días, los meses y los años y se crean pequeños rituales, relaciones más o menos estrechas y una agenda conjunta en la que nos sentimos a gusto. Y puntualmente, algo sigue creciendo. Eso que llaman amistad y que en muchas ocasiones, mezclada con nuestras aficiones, nos empeñamos en mantener en una línea difusa que no tenemos claro dónde ubicar o que quizá ya hemos cruzado sin darnos cuenta.

No siempre hay que contarle a alguien tus secretos más íntimos para saber que esa persona te escucharía, te daría la mano y te sonreiría justo en el momento en el que realmente lo necesites. Iván sabía escuchar, mirar y asentir. Y en el momento adecuado. Siempre con talante abierto, siempre dispuesto a hablar, no escondía la cara, no permitía que no vieses su sonrisa. Era creativo, ingenioso y comprometido. Y prolífico. Le gustaba escribir y no renunciaba a ello ni aunque tuviera que plantearse a veces si merecía la pena seguir haciéndolo porque a eso se dedicaba profesionalmente.

La entrada a Mecatol Rex.

«Hola, soy  Iván, soy nuevo en el club y me gustaría aprender a jugar al Imperial Assault».

Hace cuatro años de este mensaje que me enviaste por privado en el foro del club en respuesta a un ofrecimiento por mi parte para enseñar a quien quisiera aprender el juego. Quedamos y jugamos. Desde entonces nos vimos mil veces. Fuiste mi conejillo de indias en mis partidas de Symbaroum. Quemando a mensajes los grupos del chat a diario, enviándonos largos audios de voz en el que querías saber qué necesitarías si tu personaje se atreviese a internarse en el oscuro bosque en busca de unas ruinas perdidas.

 Un día te comenté que ya nadie jugaba a Warhammer Conquest, un juego de cartas ya descatalogado y que me encanta. «Yo juego contigo». Dicho y hecho. Te la devolví cuando me dijiste que nunca habías jugado a Guerra del anillo. Yo te enseño, te dije. Y así cayeron varias partidas.

Y más Symbaroum. Y más tableros. Y más rol. Y mensajes nocturnos apuntalando a tus personajes para la siguiente partida, y preguntándome dudas, resolviéndolas juntos, enseñándome dibujos de escenas y personajes, mostrándome algunos poemas escritos de tu libro Celebración del esqueleto, y en las últimas semanas, comentándome lo ilusionado que estabas con la publicación de Bridgewater.

Retrato de Iván Frías. Autoría de Tesi, miembro de Mecatol Rex.

Tendemos a pensar que son amigos, casi con mayúsculas, los que conocemos de siempre, los que saben que nos hemos separado, los que te ves en obligación de reportarles que nos han echado del curro, los que no consentirían que no les dijeras qué tal te fue en tu entrevista de trabajo. Y aunque con Iván hablaba de todo esto, también hablábamos de volver a jugar Warhammer, de escribir algo juntos en algún momento, de probar la nueva expansión de Guerra del anillo cuando saliera…

Las cosas que haces y que te gustan importan. En los juegos, en todas sus vertientes, también. Importan porque piensas en ellas, porque involucran a otras personas, porque te exigen un tiempo que a veces cuesta encontrar y que regalas encantado. Y hablas de juegos, de rol… Y también de la vida, de si te va bien o te va mal.

Nos ocurre que «amigo» es una etiqueta que concedemos a veces sin saber bien en qué contexto situarla. Pensad en quienes tenéis ahí junto a vuestra mesa, semana tras semana, compartiendo mil partidas con vosotros. Divirtiéndose, bromeando y disfrutando con vosotros. Quedaos con esto; lo hacen con vosotros y vosotros lo hacéis con ellos. 

Mos Eisley

Si vivir decenas de sesiones de rol explorando un oscuro bosque en tu club de juegos y luego bajar al bar a charlar tomando unas cervezas no permite tener la potestad de llamar a alguien amigo, porque decidís de manera consciente no darle muchas vueltas a lo jodida que está la vida y a que no llegas a final de mes, no entiendo el valor de esa palabra. «Menos mal que tenemos el rol«, me dijiste un día después de hablar de algunas complicaciones que te preocupaban de eso que llaman «la vida real».

Hace unos días nos vimos. Estabas jugando Magic. Te pregunté por Clara y por el pequeño Martín. Están estupendos, como siempre, ¿y tú?. Bien, te tengo que contar novedades, te dije. Quedamos, hablamos y jugamos, me dijiste. No nos veíamos desde principios de verano que viniste a casa a comer tortilla –porque para eso venías, truhan…– y ya de paso, a echar un Star Wars Imperial Assault. Habíamos seguido hablando porque íbamos a grabar un audio para Planeta de Juegos –ya habías colaborado otras veces–, por la salida a la venta de Bridgewater. Me agarraste del hombro y me dijiste:

«Y jugamos de nuevo aquél escenario, el de Mos Eisley, que la otra vez se me resistió».

En unos días tendríamos que estar disparándonos nuestros blasters en mitad de alguna destartalada cantina galáctica. Esta mañana me he enterado de que esa partida tendrá que esperar.

Pero te prometo que nos veremos de nuevo en Mos Eisley, amigo.

Publicado por

LuisFley

Juego a juegos de mesa y casi siempre pierdo. Poco más que decir. Si acaso, que grabo un Podcast sobre ello llamado 'Planeta de Juegos'.

2 comentarios en “Nos vemos en Mos Eisley. A ti, amigo.

  1. Gracias por expresar tan bien lo que es la amistad entre los que compartimos mesa para jugar y, sobre todo, gracias por este bonito homenaje a Iván. Reconforta leerte. Un abrazo, Luis.

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