La colección sin coleccionista Acumular juegos en la estantería es como tener una colección sin ser coleccionista.

Hace unos días jugué por primera vez a un juego del que había escuchado loas y virtudes hasta la saciedad. El juego era Star Wars Rebellion, y si no lo conocéis es hora de que lo hagáis. Pero los derroteros de este escrito, no van por este excelente juego, sino porque justo después de jugarlo decidí comprarlo.

Lo busqué en varios sitios hasta dar con él y conseguirlo de segunda mano con un buen trueque. La foto que el vendedor me facilitó de producto mostraba el juego plastificado. En otras fotos veía que los componentes estaban impolutos. Me acordé de aquello que había oído alguna vez y había visto y leído en redes sociales; algunos aficionados conservan el plástico con el que el juego viene retractilado al comprarlo en una tienda.

Por lo visto, parece que hay quien da valor a que la caja conserve su plástico y hay incluso quien abre el precinto y pega con celo el extremo en el interior de la caja, de manera que parezca que ésta sigue retractilada–pero solo la tapa…–. Entiendo que esta práctica lo que intenta es evitar rozaduras, porque todos sabemos que el plástico del retractilado está hecho de mithril.

Rebellion
Esa línea blanca desenfocada es el resultado de retirar el celofán que sujetaba el plástico. No salía bien. Era él o yo.

Pues bien, según llegué a caja, lo quité. Y al tirar de él, sin pensar en el celofán del interior, desconché un poco el cartón al que estaba pegado. Pero no acabó el asunto en esto. Resulta que el contenido del juego ni siquiera estaba en su interior; el antiguo dueño del Rebellion tenía una caja de herramientas aparte, con compartimentos para meter las piezas del juego de forma separada.

Es decir, tenía el enorme cajote del Rebellion en la estantería, plastificado, con sólo las cartas y el tablero en su interior, pero las piezas de plástico del juego las guardaba en una caja de herramientas que tenía fuera. Cuando le pregunté dijo que no cabían dentro de la caja. Luego entendí que se negaba a tirar el inserto de cartón que traía el juego.

Quitando este ejemplo, recuerdo que hay casos en los que el sumo cuidado de muchos aficionados se antepone a muchas de las cosas que yo concibo como normales en el trato que le damos a un juego de mesa. 

Otro ejemplo. Solicité dos copias del juego Imperial Struggle para un amigo y para mí. Una de ellas tenía un golpe en la caja. No un golpecito, sino un buen golpe. Mi solución fue muy sencilla: le doy el que está bien a mi amigo y el que está mal me lo quedo yo.

Como no tenía claro si era suficiente como para solicitar un cambio o al menos una reparación de algún tipo le pregunté a varios amigos, enviándoles fotografías, para que me dijeran si creían que debía solicitar alguna compensación.

Me dijeron que sí de manera inmediata, y casi se preguntaban que cómo estaba preguntándome aquello, si era lo más lógico solicitar un cambio. Ni qué decir tiene que la tienda lo cambió y pidió disculpas.

Entonces ¿qué me pasa, doctor? ¿por qué no doy tanta importancia a estas cosas?

Creo que esto se resume en muchas de las actitudes que tengo hacia los juegos: no enfundo las cartas de los juegos, tiro las cajas de las expansiones inmediatamente, ordeno sin ningún criterio más que el que haya hueco en la estantería, no uso insertos ni separadores, meto cajas de juegos dentro de otras cajas de juegos, no compro elementos extra para mejorar los componentes de los juegos, guardo todo en bolsas y «a cholón», saco las reglas de los juegos y las doblo sobre sí mismas, no llego a entender la pasión por las monedas «pesadas» en favor a las de cartón… Me llama la atención cuánto choca esto con otras actitudes de otros aficionados.

Un golpecito no era, pero tampoco era para tanto. ¿o sí?

¿Es entonces que soy poco cuidadoso? No me entiendan mal, cuido mis juegos, no los golpeo, ni los tiro al suelo, ni los pisoteo ni los dejo al sol. No los trato mal. ¿Será que no pongo en valor el tipo de cosas que debería?

Después del asunto de la caja golpeada, pensaba en que si con otro tipo de producto me comporto de la misma forma. Ya no solo como aficionado, sino como consumidor. Si un cd de música o una caja de bluray tienen un pequeño golpe o arañazo que no impida escucharlo, no veo problema. Al igual con un libro que tiene una página rota pero sigue siendo legible o un aparato electrónico que tenga alguna rozadura estética que no imposibilite su funcionamiento.

Creo que todo gira en torno a esa perenne idea de colección, del valor que se da a la perpetuidad de los objetos y a pensar en ellos en el futuro desde el momento en el que los compras. Es decir, no solo pensar en jugarlos, sino en cómo les quedará formar parte de tu colección, o si tendrás que deshacerte de ellos más adelante.

Por supuesto, no digo que quien enfunda las cartas es un coleccionista que mima el detalle hasta la saciedad. Pero me refiero a que la graduación de darle valor al objeto está ahí.

Hay quien me ha dicho que todo esto se debe a un afán de querer cuidar las cosas. Pero la sensación que tengo es que este tipo de cuidados extraordinarios no se aplican a todos los aspectos que les gustan de sus vidas. Ni siquiera a todas las aficiones, aunque conozco a más de uno que es exquisito en todos los ámbitos de su vida…

El plástico que envolvía al Rebellion era auténtico mithril de las minas de Moria.

Una vez un amigo me dijo que yo era un coleccionista como cualquier otro, porque colecciono los juegos que me gusta. ¿Y qué implica eso? ¿Significa que adquiero los juegos que me gustan o que, además, les doy un tratamiento especial? Al fin y al cabo, eso sería aplicable a todo: ¿Colecciono los libros que me gustan? ¿Colecciono las películas que me gusta? ¿O simplemente las adquiero? Si no compro todos los juegos que me gusta ¿sigo siendo coleccionista de los juegos que me gustan?

Y sin embargo, como término que es ya acuñado por no tener otro que lo sustituya con la el mismo entendimiento, siempre preguntamos «¿cuántos juegos tiene… en tu colección?» y yo lo entiendo como «¿Cuántos juegos acumulas es tus estanterías?».

Tengo amigos jugones que cuando voy a sus casas están deseando mostrar sus estanterías para mostrar con orgullo lo que albergan. A mí me encanta que me lo hagan, pero si vais a mi casa no saldrá de mí enseñaros las mías. No es una cuestión de orgullo, se que están ahí para ser prácticas, y si sale de mí el acercarnos a la habitación a ver mis juegos será para decidir a qué queremos jugar.

Es decir, casi voy a afirmar algo que podría no entenderse, pero que creo que tiene sentido después de todo lo dicho; podría decir de mí que no soy coleccionista pero tengo una colección de juegos.

Así que creo que, por no dar vueltas a la madeja, el principio del afán por el orden y ese cierto grado de fetichismo se me antojan lejanos porque creo que he huido de coleccionar juegos de mesa y, por lo tanto, de tratarlos como objetos de colección. Yo, por mi parte, estoy satisfecho con ello. Es más una cuestión semántica, pero cómo definimos lo que hacemos, lo que tenemos y lo que somos es tan importante que forma parte de la manera en la que queremos vernos y que nos vean. 

Publicado por

LuisFley

Juego a juegos de mesa y casi siempre pierdo. Poco más que decir. Si acaso, que grabo un Podcast sobre ello llamado 'Planeta de Juegos'.

6 comentarios en “La colección sin coleccionista Acumular juegos en la estantería es como tener una colección sin ser coleccionista.

  1. Yo soy de los que piensa… Que el dinero me cuesta ganarlo con mi trabajo y tengo que dejar el trabajo bien hecho por el dinero que cobro, de ahí, que compre un producto y tenga un golpe, arañazo, o lo que sea porque alguien no ha hecho bien su trabajo de transporte, almacenamiento, no me parece correcto que tenga el mismo valor el producto que uno en perfectas condiciones y menos pagando por adelantado en ventas on-line.

  2. Yo creo que el afán por conservar intactos los juegos es para sacarles el mejor rendimiento posible en el mercado de 2.ª mano. Coleccionar tiene significados diferentes para cada uno. ¿Si coleccionas coches, los conduces? ¿Si coleccionas discos, los escuchas? ¿Si coleccionas muñecas, juegas con ellas? Cada persona es un mundo. Yo amontono los juegos en mis estanterías como puedo, los desprecinto y destroquelo cuando los estudio para jugarlos, tiro el inserto cuando no caben bien las cosas en él… sí, colecciono a mi manera.

  3. Yo había coleccionado discos, hasta que por motivos económicos tuve que dejar de hacerlo. Para cuando pude retomarlo se me había pasado la «tontería» (no se entienda mal). Tengo tendencia a acumular, y compro más discos, libros, cómics y juegos de los que sé que voy a tener tiempo de disfrutar, pero cuando lo compro es convencido que le daré uso, aunque en mi fuero interno sepa que no tengo tiempo material. Realmente sé que acabo comprando algunas cosas más por el hecho de que me gusta tenerlas.

    Respecto a Rebellion, en su momento compré unos insertos de espuma super cómodos para organizar todas las naves (el inserto, como todos los de FFG, óbviamente fue fuera a las primeras de cambio), y ha sido motivo para no quererme comprar después la expansión, ya que con ese inserto no hay sitio para ella. Por otra parte ya me gusta el sistema de combate del juego básico y no veo necesario ampliarlo.

    Intento ver un sentido práctico a los componentes. Sí enfundo casi todos los juegos, tengo ciertas manías con el orden, pero a la vez no tengo reparo alguno en meter expansiones dentro de la caja base y tirar y cajas e insertos que sean inútiles.

  4. No puedo estar más de acuerdo. Si pudiese tomar prestados los juegos de una ludoteca pública ya no compraría más que por alguna cuestión práctica. Ojalá mis estanterías pudiesen estar vacías y mis ansias de jugar saciadas.

    Por cierto, ¿quizás sirva ludoteca como ese casi-sinónimo de colección? Recuerda a las bibliotecas y, al menos en mi casa, no habría problema por llevarse algún juego prestado.

    Lo que a mí me gusta de los juegos es la parte más etérea. No tiene que ver con lo perfecta que permanezca la caja, el olor de las fichas o el tacto de las cartas. Son las estrategias que me pasan por la cabeza, los apuros para salir de algún entuerto o la experiencia conjunta con otras personas. La parte física sirve para facilitar esas cosas más difíciles de describir, ni más ni menos. El fetichismo por los objetos se me antoja hasta negativo, como que confunde las posibilidades del juego con su envoltura física. ¿Realmente es sano mentalmente disfrutar de la acumulación de juegos?

    Me quedó un poco filosófico el asunto, pero es algo sobre lo que ya había pensado. Me alegra saber que no soy el único que no se preocupa por enfundar las cartas o si el dibujo de la tapa de una caja está en el mismo sentido que su culo.

  5. Muy de acuerdo con varias de las cosas que escribes. A mi me gusta tener juegos para jugarlos y no para acumularlos por coleccionismo. Los cuido pero no me obsesiona su cuidado, si creo que las cartas se manosean mucho y pueden deteriorarse, las enfundo pero no enfundo todas por sistema, y tengo claro que cuando a un juego ya le he sacado todo el partido pues no me duele venderlo o regalarlo y que deje de ser parte de «mi colección». No, no me gusta el afán de posesión del coleccionista, compro las cosas (discos, libros, películas, juegos de mesa,..) para disfrutarlas, usarlas y no para que sean un objeto decorativo en mi casa. Por supuesto que tengo más de las que necesito pero no me considero un coleccionista ni quiero serlo. Me gusta mucho como lo expresas cuando dices.. «lo que hacemos, lo que tenemos y lo que somos es tan importante que forma parte de la manera en la que queremos vernos y que nos vean.»

  6. Pero Grullo ya dijo en su día que cada uno es como es. Y yo añado, sin quedarme calvo, que uno no suele entender al otro cuando no piensa como él o no hace las cosas de la misma manera. Y no es una mejor que la otra.

    Uno de los placeres de nuestra afición, además por supuesto de jugar, es lo que llamamos metajuego, que además es intrínseco a cualquier hobby. Disfrutamos, unos más y otros menos, pensando en el juego cuando todavía no ha salido, cuando lo pedimos, recogiendo el paquete o yendo a la tienda, abriéndolo y examinando su contenido, clasificando sus componentes y haciéndole hueco en la estantería. Y hablando mucho sobre él.

    Así que, en su justa medida (y a saber cuál es), normal sí que antoja. Los objetos en sí mismos también producen sensaciones agradables (se llama estética) y evocan sentimientos, recuerdos, pasiones.

    Por poner un ejemplo, nadie discute la belleza de un Ferrari (póngase la marca que se prefiera), y estoy seguro de que cualquier persona, sin ser coleccionista de coches, procuraría cuidarlo más allá del propio valor económico del objeto, es decir, que no le daría igual si está rayado o abollado («total, mientras me lleve de un sitio a otro y cumpla su función…»), porque es algo más que un medio de transporte. Muchos valoramos y protegemos la estética de un juego, porque, sin elegirlo, nos da placer. El límite siempre está en el punto en que supone un problema: cuando aparece la ansiedad por ello.

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