Secret Hitler pirate

Los piratas, Hitler y yo Un despiste y varias excusas para justificar que tengo un juego pirata.

Tengo que apuntar desde el primer momento que no suelo disfrutar en los juegos de roles ocultos per se, a no ser que aspiren a aportar algo más que a basar todo su fundamento en esa mecánica específica. Por ejemplo, Ciudadelas, un juego de roles intercambiables, que es una idea brillante que se conjugó en un juego estupendo, por tiempo de partida, jugabilidad y accesibilidad. No he disfrutado cien por cien nunca de juegos en los que el juego no es el responsable de que la partida vaya a buen puerto y que son los jugadores, en grupo. A no ser que fuera rol, pero eso es otra historia. Creo que jamás jugaré a Galáctica porque el tema no me atrae en absoluto. La Resistencia, por ejemplo, me aportó cosas buenas y otras tantas olvidables que seguramente no fueran demérito del propio juego, y mi caso con este juego puede resumir bien a lo que me refiero.

Pero el concepto de rol oculto me atrae sin que haya visto convertido en placer esa atracción al no haber jugado a ningún juego que incluyera su mecánica. Es como mirar la publicidad de un helado y luego cuando lo pruebas acaba no siendo lo que te habían prometido. Dead of Winter me interesó en ese aspecto sin interesarme en muchos más. Y Study in Emerald fagocita con su gestión de roles otras mecánicas y aspectos brillantes que contribuyen en hacer de él un juego único en su especie. Vamos, que se puede decir que yo y los juegos de roles ocultos no nos llevamos bien. Supongo que será una asignatura que aún tengo enquistada y que en algún momento se acabará retirando como cualquier otro enquistamiento lúdico; gracias a una buena partida.

Secret Hitler pirate
La caja pirata del Secret Hitler…

Cuando vi la reseña de Chemapamundi sobre Secret Hitler, –en una entrada lo bastante polémica, brillante y divertida como para convertirse desde ya en un clásico– una enorme parte de divulgadores y jugadores relacionados con los juegos de mesa despertaron su interés por el juego. ¿Por qué no iba a ser Secret Hitler el candidato? La temática me llamó la atención –dos grupos de jugadores divididos entre fascistas y liberales que han de aprobar seis leyes y, según el grupo, conseguir hacer o evitar que Hitler sea canciller–.

Olía a La Resistencia como para echarme atrás, pero las circunstancias de cada uno son diferentes dependiendo del tiempo en el que se encuentre. Si estos juegos son tan grupodependientes como realmente son, quizá mis circunstancias y mi grupo no fueran las que fueron entonces. En cuanto al tema; no confiaba en sentir disquisiciones morales de ningún tipo tal y como podía apuntar Chemapamundi en su vídeo, con la posibilidad de que pudiera confundir o hacer sentir incomodidad a jugadores que se presentan en el juego en la piel de un nazi. Me daba un poco igual, la verdad sea dicha; pero esto que escribo hoy no va por ahí, aunque sí que, en cierto modo, tiene que ver con ponerse un poco en la piel del “mal”.

Todo sucedió poco antes de irme de vacaciones. En un calentón miré el precio en Amazon y lo pedí. Pero el trajín de mi viaje vacacional, problemas con el coche –que me dio la lata con averías hasta el último día– y un par de sucesos más que no vienen a cuento, propiciaron que tuviera un nivel de estrés bastante desaconsejable a pocos días antes de irme.

Olvidé aquél pedido hasta que unos días más tarde, revisando los mails, me di cuenta de que Amazon había dado por entregado el paquete. Le pregunté a M y me dijo que, efectivamente, había recibido el paquete y lo había dejado en mi despacho. Vaya, tanto trajín en aquellos días me había hecho olvidarlo y ella tampoco había caído en decírmelo. Estaba seguro que en nuestro lugar de vacaciones habría podido probarlo.

Secret Hitler
La caja auténtica de Secret Hitler. (Goat Wolf & Cabbage / 2016. Foto: NYTimes)

Volví a olvidarme de él hasta que alguien en Twitter recuperó el tema, pero relacionándolo con la edición que algunas tiendas vendían del Secret Hitler. La original era complicada de encontrar y estaba a un alto precio; lo sencillo era encontrarlo en una impresión pirata. Alguien salió en defensa de la posibilidad de disfrutar del juego en esta versión porque la editorial original no había dispuesto copias suficientes, se habían agotado o qué se yo, y ahora era complicado encontrar copias de esa edición original, y aun habiéndolas su precio parecía ser alto alto. Recuerdo que mi comentario en forma de twit como respuesta al asunto fue algo así como “dejemos a la piratería todo lo aparte de este mundillo como sea posible”.

Ahí estaba yo dando el contrapunto y defendiendo algo que aún hoy no tengo claro en qué consiste. Los conceptos de propiedad intelectual y sus beneficios me son difusos cuando pretendo unirlos y que se retroalimenten. No me atrevo a concretizar ni a rascar más allá en este tema que no sea saber que, como autor, no mola que nadie se haga rico a tu consta. Pero tantísimas son las variables que ni yo ni nadie que conozca daríamos con una razón certera y única que justifique acción alguna. Tan solo tengo claro que la piratería es mala. Y creo que podría escribir después “y punto”. Pero claro, hay tantos cientos de argumentos para refutarme que quizá no tengo más razones para argumentar absolutamente nada.

Así que, sin atreverme a citarme a mí mismo como ejemplo –ni mucho menos–, con el trasiego con el que mi conciencia que me había hecho saber que he consumido música y cine en algún momento de mi vida de forma pirata, sí me aventuré a soltar un par de comentarios más defendiendo a las claras que Secret Hitler debía comprarse en su versión original, como debe de ser y –por si no había quedado claro– pienso con convicción a pies juntillas. Estaba, y me rebato, en la posición en la que he decidido “tratar” de no hacerlo y de no ejemplificar en mí mismo esas actitudes, que es mucho más de lo que puedo decir que he tratado de hacer con respecto a este asunto.

Al día siguiente de todo el trajín de darme cuenta de que el juego se había quedado en mi despacho, y ya en la playa tumbado en la toalla –ya pensando en crear este maravilloso blog que tenéis entre manos–, leí en Twitter que alguien había comprado la copia original del Secret Hitler en una tienda online y que le habían enviado una copia pirata . Fue el caso de Yol, autora del blog de Análisis al Cubo, que recibió una impresión–copia del juego y no original–, de una tienda relativamente seria y que el propio diseñador del juego le hecho llegar una copia original del mismo. Miré la fotografía del que ella adjuntaba y me disturbó. Aquella portada no era la que a mí me sonaba haber visto. Rápidamente fui a buscar la ficha de Amazon del producto que yo había comprado y tras escavar entre en varios mails me cagué en los pantalones; había comprado la edición pirata.

Yol, la autora del blog "Análisis al cubo", y su caso con la copia pirata de Secret Hitler.
Yol, la autora del blog “Análisis al cubo”, y su caso con la copia pirata de Secret Hitler.

Además, no podía devolverlo; la política de devoluciones del producto ocupaba tan solo unos días tras ser entregado. Os ahorraré el resto de mis vacaciones –pero por vosotros, no por mí, que menudas cenas de pescado asado que me pegué; podría hablar de ellas durante horas–. Llegué a casa, desembalé la copia y constaté que aquella caja de cartón en la que sólo había grabado un escueto “Secret Hitler” en letras plateadas era más pirata que Long John Silver y su puñetera pata de madera.
Un juego de mesa parece complicado, físicamente hablando, de copiar. Pero si el juego está principalmente basado en cartas, con la posibilidad de ser impreso de forma relativamente barata y sin necesidad de especiales florituras, puede que –y así es porque es el caso que nos ocupa–acabe siendo rentable para quien lo piratea. Y más aún cuando este juego está a disposición de todo aquel que quiera meterse en su página web, la de la editorial, descargarse los respectivos ficheros, imprimirlo en su casita, darle a la tijera para recortar y ponerse a jugar. Efectivamente, el jueguito en cuestión está a mano de cualquiera que quiera jugarlo. Y, por lo tanto, también está a mano de cualquiera que quiera lucrarse con él vendiéndolo una vez impreso. Encima, la benevolencia legal del Marketplace propicia este tipo de casos.

La dificultad de plantearse si piratear o no un juego de mesa radica en que posiblemente, monetariamente hablando, sirva para poco. No merece la pena, no es fácil ni vamos a encontrar facilidades para hacerlo. Los componentes juegan con las opciones de un mundo en el que no hay nada imprescindible y todo puede ser sustituido o sencillamente cambiado. No es piratería no comprar tus escenografías para el tablero y fabricarlas tú mismo, como no es piratería imprimir cartas en tu idioma y pegarlas a las originales –…¿Verdad?–. ¿Hay algún componente de tu juego favorito que sea insustituible y que no puedas fabricar o sustituir por ti mismo?

No digo que no sea fácil, ojo, pero son más los que dejan de comprar figuras y escenografías e introducen tokens muy mejorados a sus juegos gracias a la benevolencia de las impresoras 3d, o que han mejorado o tematizado sus tableros y cartas respetando las mecánicas pero dándoles una vuelta de tuerca porque en vez de tratar de casar a la heredera del reino con un príncipe cualquier le gustaba más la idea de hacerlo con un Targaryen. Pero… un momento… ¿Pagar a quien te imprime en 3D los componentes más lujosos para tu Imperial Assault es comprarle a un pirata? ¿Variar una obra en su concepto estético para mejorarlo según un criterio o beneficio personal es piratería?

Los conceptos de posesión y cuidado que se otorgan por coleccionistas a los juegos de mesa también juegan en contra de la piratería. Hay pocas tipologías de personas más quisquillosas que un aficionado a la cultura fandom, y en este ejemplo, a los juegos de mesa y a la perfección de sus componentes. Hay poco espacio para competir con materiales y un diseño rápido y funcional, que es la única forma en la que un juego podría dar réditos a quien pretendiera piratearlo.

Fief
El tablero rediseñado de Fief transformado en Poniente. Reconversión de elementos que trasciende el concepto de “copia pirata”. El juego es el mismo, sus componentes no. (Fief Asyncron / 2015) Foto: Foro Darkstone

Me surge una duda que he visto acuñada al verbo “piratear” cuando, no sabemos cómo, se adapta como definición también a quienes fotocopian o imprimen juegos que están a la venta en cualquier tienda. El “print and play” es un mundo desconocido para mí pero lo defiendo del todo y lo posiciono en lugares que nada que ver con la piratería en sí misma. Pero en cuanto a conceptos, hay un hilo del que es imposible tirar que separa con mucha ligereza lo que entiendo como piratería y lo que no. No tengo datos del impacto que supone para la industria, pero no he dejado de escuchar afirmaciones acerca de que siempre es mejor jugar a un juego que no hacerlo porque no esté disponible y que copiarlo, imprimirlo y jugarlo repercute beneficiosamente, de un modo u otro y en algún momento, en el juego original. Mi padre me enseñó a no abrir la boca si no sabía de qué hablaba, por lo que así lo haré en este punto –ya lo sé, tampoco debería en otros…–.

Y llegado a este punto quizá lo adecuado sería pensar “venga, pues si ya no hay marcha atrás, déjalo correr”. Pero a mí me costaba un poquito hacerlo y ese sentimiento es el que me movió a escribir todo esto. Así que ahí está mi falso Secret Hitler, en la estantería. Mi actitud hacia él ya deriva en no tener cuerpo para hacer nada más, ni verlo, ni venderlo, ni deshacerme de él y ni siquiera jugarlo.

Alguien me planteo excusa tan sagaz como poco hábil. Su argumento tenía algo de contradicción en sí mismo, pero de nuevo para mí–soy el chico sin datos, ya sabes– ciertamente irrefutable. Y lo era posiblemente por la incapacidad de generalizar y la facilidad con la que, al menos en mi caso, individualizamos cualquier respuesta moral: “Esta sociedad no nos permite hacer otra cosa que no sea piratear“. Como tampoco quiero que esta entrada sea un alegato de nada, pero dispuse esta opcional y maleable frase para mi caso. ¿Podría haber comprado el original? Sí, escaso y algo caro, pero sí. Soy verdugo por lo tanto. Pero…. ¿Si no conocía el origen y pensaba que estaba comprando un producto original, sigo siendo verdugo? Soy víctima, pero podría haberme informado, haber hecho más. Joder que grabo un programa de juegos de mesa y me tiro medio día ahí con el puto twiter mirando noticias y fotitos de juegos. ¿Vuelve a convertirme en verdugo el no haberme informado?

Secret Hitler
La expansión fanmade de Secret Hitler incluye a Trump y sus muchachos. El juego da de sí para customizarlo como se quiera. Foto BGG.

Sin ánimo de hacer más preguntas que no tienen más y sin querer seguir dando vueltas a la perdiz ni permitir más preguntas, hay que reconocer la dureza de las respuestas, siendo honestos, hacen difícil planteárselas. Y creo que al final, al menos en mi caso, lo complicado de todo esto es hacer algo. Y lo que acabo por entender es que precisamente lo más sencillo es no hacer absolutamente nada. No hacer nada ante la normalidad que ya vivimos desde hace años con los discos de música, con las películas e incluso ahora, cada vez más, con los libros.

Pero una primera muesca de verdad en la realidad de que la posibilidad de que lo pirata se extienda en nuestro querido mundo lúdico es la motivación final de escribir este tostón que te estás leyendo. Así que, parece que al final el germen de todo esto es la necesidad de hacer algo sin tener ni idea de qué hacer. Cada uno ha de plantarse ante sus luchas personales como crea que debe hacerlo, y la única manera que he visto de mantener cierta compostura y de plantear la pregunta de si mis queridos juegos de mesa son “piratearles” es esta.

Así que aquí quedan estas líneas en compensación a mi incapacidad de gestionar que los juegos de mesa, de concepto romántico y en esa nebulosa que hace que a la palabra “mercado” aún no le hayamos metido ningún adjetivo chungo, son carne de piratería. Al igual que lo eran las primeras copias piratas vendidas por aquél amiguete que tenía un cd grabador o los miles de videojuegos que guardas en algún disco duro y a los que no jugarás jamás. He aquí mi alegato ante la incapacidad de gestionar que los juegos de mesa no están extensos piratearse. Sin alarmarse, ojo. Sin caerse de un guindo y sin quedarse en los mundos de Yupi, que como diría uno que me da que debería estar entre rejas; “¡que no estamos tan mal!”. Si todo esto significa algo, en cualquier caso, es un aviso.

Demonios, si en realidad a mí no me gustan los juegos de roles ocultos…

Publicado por

LuisFley

Juego a juegos de mesa y casi siempre pierdo. Poco más que decir. Si acaso, que grabo un Podcast sobre ello llamado 'Planeta de Juegos'.

2 comentarios en “Los piratas, Hitler y yo Un despiste y varias excusas para justificar que tengo un juego pirata.

  1. Hace unos años atras (creo que para el año 2006) compré unas promos del juego Killer Bunnies y siempre he tenido la sospecha que son piratas…aunque están muy bien hechas y no parecen serlo, esas promos para ese entonces se encontraban en eBay por más de $500…y las compré por solo $5.
    No me gusta fomentar la industria pirata…pero en ese caso, considero que el precio exhorbitante de ciertas promos lo fomenta.
    Me encanta tu blog…y también escucho el podcast Planeta de Juegos…te envío un saludo desde Alabama.

    1. Muchísimas gracias, Merita.
      Desde luego el tema “promos” daría para una entrada en sí misma. Es difícil discernir entre el momento en el que realmente tendríamos que saber si algo vale o no el precio que nos piden por algo. Hay algunas tipologías de productos que se prestan a todo esto. Las promos tienen un toque de coleccionista de la que es fácil aprovecharse… ¿no?
      Gracias por escucharnos y por leerme. Una gozada que nos saludes desde Alabama.
      Gracias!

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